Aviones de papel


Tengo varias razones para justificar por qué no fui a votar. La principal es la ausencia de estímulos para desgastarme física y psicológicamente en la tediosa labor de levantarme en un día de resada, acercarme a la mesa electoral, escoger la papeleta de siempre, cerrar el sobre y meterlo en la urna con la terrible amenaza de encontrarme a cualquiera de esas personas intrascendentes que mi madre se sorprenderá de que no recuerde cuando la salude con efusividad. Suerte que mi residencia a más de 800 kilómetros de mi lugar de empadronamiento sea la mejor excusa para eludir el trago de sociabilización forzosa que hay que saborear para ejercer mi derecho democrático, ese del que tan poco creo que hasta esa palabra (DE-MO-CRA-CIA) me suena a sarcasmo.

Comprenderá que he seguido la campaña electoral con el mismo interés que los políticos han puesto en identificar Europa como un marco político de interés y práctico para el votante y su cotidianidad mundana, o por lo menos aquellos que disponen del espacio mediático para cultivar su propaganda en nuestras mentes anestesiadas (PP y PSOE, por defecto). El súmmum de mi curiosidad se ha quedado en investigar los videos gratuitos y nocturnos de todas aquellas formaciones de Regional que sobreviven en la caricatura entre el embudo del bipartidismo y que a estas alturas de la pobreza democrática podrían presentar a Yola Berrocal o Pozi como candidatos por su terrible frikismo y scar más adeptos.

Sé que la atención de estas semanas de campaña no ha deslumbrado por su novedad y lucidez y se ha arrastrado por el barro de costumbre, acusaciones cruzadas, blasfemias variadas y temática de fácil degustación para el consumidor televisivo, el votante ‘prime time’. Una batalla de audiencias. Cero de política.

En la línea argumental del PP ha sobrevolado con su pilotaje de bajos escrúpulos la acusación de que Zapatero utilizó un avión de uso presidencial para asistir a un mitín del PSOE, que no para irse de fiesta a su casa de Cerdeña en su vida privadísima. Este tema fue el centro del discurso de Rajoy y Mayor Oreja en el tronco de campaña y, viendo los resultados, le han sacado réditos a su módelo. Con la crisis a cuestas, con lo que le cuesta al españolito medio permanecer a flote, ese descarado gesto resulta una infamia o ese es el lema con el que se quería bombardear el hilo argumental de los socialistas, centrados en atacar por Levante y seguir con el trajín de Camps, para no desentonar y no descubrir las vergüenzas propias o hablar de Europa. Para qué.

Curiosamente, a la limón, en una esquinita de los noticiarios, de la prensa o de cualquier blog, germinó una bondadosa nota real, espontánea y casual. Nuestra Reina Sofía había bajado al mundo terrenal y utilizado una compañía Low Cost para realizar una viajecito a Londrés. Era su única opción. Que acto de humildad con sus súbditos, tanto como el de Rajoy viajando a Zaragoza en AVE, que no lo hizo en mula por no molestar al animalico. Coincidente la temática voladora y la comparación de aquel que se gasta los euros del consumidos en crisis y la que se aprieta el cinturón en Ryanair. Los malpensados hasta creerían que podría haber una implicación ideológica de nuestra apolítica realeza, felicitada por el PP por su ejemplo, que incrimina al sociata por su falta de escrúpulos, aquellos malpensados que se acordarían del creciente porcentaje del presupuesto estatal que desemboca en la manutención de los habitates de La Zarzuela en estos tiempos de flaqueza económica, serían esos malpensados que al ver la fotito de la comunión de los Urdangarines verían a una pomposa familia ultraconservadora y no a un paria que se rasca el bolsillo para visitar a la familia en Windsor. Esos malpensados que terminan pagando sanciones por afilar su lengua republucana contra la santísima realeza o retirando portadas blasfemas, cuando estamos en el siglo XXI y existe libertad de expresión. Qué malpensados que son la verdad todos aquellos que se imaginan un país idílico sin coronas ni tronos.

La indignación no es esa condena, sino que la compañía de altos vuelos le dio por hacer campaña publicitaria con la solidaridad de su Alteza. Intolerable querer beneficiarse de tal acto de generosidad. Suerte que pidieron disculpas y lo retiraron pronto. ¡¡¡Estos británicos!!! No tienen ningún respeto y han convertido a sus monarcas en un circo de risa, con lo honorables, apolíticos y útiles que son. Blasfemia.

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~ por sraly en 9 junio 2009.

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