Hijos de la Expo


Los hijos de la Expo crecen sobre la hierba como Ranillas de acero o, mejor, como luciérnagas, puntos de luz retan a la noche zaragozana desde el remanso de las orillas del Ebro, silbando músicas refrescantes para el alivio del bochorno. Querían que con la Expo, Zaragoza se girase a su río y convirtiera su caudal en tráfico de cultura y ocio. La apertura de los Festivales del Ebro y las terrazas veraniegas intensifica esa apuesta y aporta al entorno del cauce un frescor de modernidad que entusiasma por lo desconocido de estas apuestas por estos lares.

atarcederEBRO

Más aficionado al antro y las estrecheces de las bodegas, se agradece no obstante este desenvuelto al aire de la noche y a convertir en escenarios los parques olvidados durante muchos años como cagaderos del perro del vecino y rincón escondido para el beso adolescente.

Mi conciencia no aplaudió con un entusiamo ciego los fastos de la Expo, su bonanza más allá de la realidad encubierta de su marca de Fiesta del Agua en el Mundo (proyecto urbanístico, chiringuito de mercancias, costes astronómicos, desarrollo real de conciencias, cambios visibles en materia de agua en paises del tercer mundo…), pero vale como ‘casus belli’ para esparcir ahora esta nueva dimensión del Ebro para disfrute de zaragozanos y sus visitantes. Realmente el aplauso sería de mayor expansión si a nuestros políticos, primeros funcionarios al servicio de sus votantes (en la teoría más democrática), se les hubiera ocurrido la genial idea sin necesidad de montar el cristo exposicionista, levantar un maremoto fluvial para generar de forma más progresiva y sostenible un proyecto de largo alcance (como el Parque de las Ciencias de Granada que visité este semana, de mayor calado lúdico y educativo que el pabellón-tenderete de Nepal), como si puede ser Acuario, a la espera de la transformación del entorno (en un año veo nulos avances).

El escenario montado en Las Playas, insertado en el Parque del Agua, lejos de los ecos vecinales, recuerda a un pequeñito Pirineos Sur clavado en la arena mediterránea. La verdad es que el grupo que actuó no me llamó la atención, ni le hice caso (sí lo haré hoy con los Violadores del Verso en Zaragoza Ciudad), pero daba gusto sentir el cosquilleo de la arena en los pies, bailar con la brisa y poder disfrutar de un espacio al aire libre de estas características en la ciudad, aunque el ayuntamiento debería fomentar puestos culturales de esta calado (recordemos el llorado Rincón de Goya o la plaza interior del Centro de Historia) en puntos interiores de la urbe, en los barrios, cuyas gentes se merecen los lujos de las riberas. Por no hablar de la falta de salas acondicionadas que ofrezcan espectáculos cuando el cierzo y la lluvia inhabilite los cielos de Zaragoza como techo estrellado para pasar la madrugada. Entonces la ciudad que nunca duerme, callará y se encogerá en su invierno vacío de sonidos.

Anuncios

~ por sraly en 3 julio 2009.

4 comentarios to “Hijos de la Expo”

  1. No le hiciste caso, pero bien que bailamos, ¿eh?
    Me gustó, me gustó!

    • La canción del Mono estuve muy bien ejecutada. Gracias por desvirgar mi tablón de comentarios, no esperaba más de ti.

  2. Solo faltaba que no hubiera tocado la del mono… Cansinos!!:D

  3. ¿No esperabas más de mí?
    ¡Pues qué bien!
    😀

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: