Petición de mano


Sabía por los jesuítas que en su lejana cultura la petición de mano era un ritual ineludible para firmar su amor. Quería ser educado con sus invitados. Prosiguió celosamente los pasos que sus nuevos amigos le habían indicado, o que había intuído porque todavía no se había hecho a su idioma extranjero y eso suponía un esfuerzo para comunicarse. Se enfrentó a su padre con escrupulosa cortesía y reafirmó su fidelidad y su absoluta veneración por su hija. Reconoció en su sudoroso rostro una leve sonrisa como aprobación y caminó reteniendo su excitación hacia la choza donde esperaba su amada, que minutos después gritó emocionada y se desmayó al recibir su recompensa.

No olvidará nunca el gozo de contemplar la mirada atónita de su padre cuando le presentó, aún sangrante, la preciosa mano izquierda de su hija recién cercenada como símbolo de su amor eterno.

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~ por sraly en 23 julio 2009.

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