El paseo marítimo de Lavapies


argumosaSiempre comparé la calle Argumosa con un largo paseo marítimo urbano, donde accedes al cielo un domingo de resaca en una de sus terrazas. Sentado en el metal recalentado, observas el desfile de habitantes de Lavapiés. Jipis de la última hora, albañiles ecuatorianos, vendedores ambulantes, punkis de escaparate, trileros, turistas despistados, africanos talladores de tabla, culturetas con El País sobaquero, famosos solidarios, chinos mafiosos, burcas escuetos, perros sarnosos… fauna multiétnica afincada en un barrio que perdió lo castizo y adherió pieles de otros mundos hasta ocultar el equilibrio. Ahora, ese Lavapiés que era mío, es de otros y encuentro pocos emplazamientos de mi recuerdo. En un recodo localizo el Económico y en su interior la mentira, una transformación horrible, de ese restaurante de camarero jubilado y jubiloso, a metre con pelo cuidadosamente desordenado, con menú de postín con recargo por la decoración (es la misma que en el zamorano, pero con un toque “guay”). O veo las puertas del Junglar devoradas por el polvo y el olvido, o los bares de antes enlosados con carteles de una artista de Bolywood. Los restaurantes de comida lejana han pasado de ser una contraseña hacia un mundo desconocido a una marabunta de menús fotocopiados de engullimiento rápido, globalización maxificada de tenderetes de venta al por mayor. Todo se hace a lo grande. Queda el Melo’s y unos cuantos garitos que sobreviven al tráfico mafioso (Lo máximo, Bar Automático, La Buga del Lobo, La Mancha…) y a las carreras de los autos de la Policia Nacional. Las cámaras en las calles dejan poca intimidad. Suerte que el sol no para de iluminar Argumosa y el desfile no cesa. Ponme otra caña.

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~ por sraly en 27 julio 2009.

4 comentarios to “El paseo marítimo de Lavapies”

  1. Totalmente de acuerdo. ¿Hay cámaras en Lavapiés?????

  2. Que bueno. Llevo viviendo en Lavapiés 14 años. Ya antes de venir era un asiduo del Económico, y su arroz a la cubana por 140 pesetas, por 20 pesetas más un huevo extra. El barrio ha perdido mucho. Ahora además de escaparate de día es un estado policial de noche. Una lástima. Sin embargo sigue siendo un de los pocos lugares de Madrid donde todavía uno se puede parar a hablar por la calle, o donde el vecino mantiene una de esas vidas al margen de lo que vemos por la televisión. Un lugar de contrastes.
    Un saludo y, con más razón que nunca, gran post.

    • Yo no estuve más de dos años habitando el barrio y fueron uno de los mejores años de mi vida, por el caramelo (mis amigos) y el envoltorio (el barrio). Ahora siento nostalgia y como si me hubieran arrebatado un pedazo de mi vida, por el caramelo y por el envoltorio. Me hago mayor.

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