Los muertos venden


Los muertos venden. Miserablemente lo recuerdo. Uno de mis más infames momentos como profesional fue aquel día que tuve que llamar a un jugador aficionado de fútbol sala al hospital. Yacía en la cama con múltiples fracturas, pero consciente a mis apocadas preguntas y era el único que podía describir el accidente de tráfico en el que habían muerto tres de los seis ocupantes de la furgoneta que transportaba a parte del equipo, un equipo que en ningún momento habría salido en las páginas de un periódico si no fuera por esa miserable razón. Recibí palmaditas en la espalda por esa llamada. A mí me ensució de asco. Ahora me hubiera negado tajántemente. Entonces no ví elección.

Los muertos venden. En otros países se publicitan los cadáveres baleados o decapitados en portada con total impunidad. En España queda la dignidad de no sacar a la luz pública ciertas fotografías, sobre todo si tienen nacionalidad española, que si vienen del extranjero o en patera, otra cosa es. La delgada línea que separa la dignidad profesional con la visión empresarial es fácilmente violada en la televisión en favor del ‘money, money’, donde el morbo acrecienta el share cueste lo que cueste. La cobertura que se hizo de la desaparición y posterior asesinato de Marta del Castillo fue denigrante y vomitiva.

En muchas ocasiones me pregunto qué pasaría si los medios de comunicación decidieran no dar bombo a ciertas informaciones y la moral venciera a la audiencia. Pienso concretamente en los asesinatos machistas. Repetidamente siento como la apertura al público de estas historias no hace más que dar un guión a los descerebrados que usan el telediario como libro de instrucciones. Pienso que si no se le diera pábulo el fuego se extinguiría. Me río cuando me dicen que esta difusión sirve de sensibilización. O quizá vivo equivocado y solo pasaría lo mismo, pero oculto detrás de la puerta, como durante muchas décadas de ventanas selladas, de dramas lorquianos, de crónicas de ‘El Caso’. Quizá me equivoque, quizá no, pero compruebo como las leyes que en los últimos años han fracasado y la sangría continúa lentamente mostrada con frialdad en el salón de nuestra casa, como un desfile de números que hemos hecho rutinarios y poco nos estremecen. Pero seguimos mirando y sube el share. Y los muertos siguen vendiendo. ¿A alguien le importa hoy dónde está el cuerpo de Marta? Hay nuevos casos calentitos para aumentar la audiencia.

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~ por sraly en 3 septiembre 2009.

2 comentarios to “Los muertos venden”

  1. Hola. Uf, debió de ser tremendamente desagradable.
    Estoy de acuerdo contigo en que el morbo vende, y en que hay determinados sucesos que se tratan en prensa de una forma que llega a dar asco, pero no creo que la gente tome ejemplo de lo que ve en televisión para cometer actos delictivos. Y el que algo no aparezca en televisión no quiere decir que no suceda. En lo referente al maltrato, ¿se matan más mujeres ahora que hace 100 años, por ejemplo?
    En cuanto a lo de la sensibilización… también me río. Más bien terminamos/terminaremos todos acostumbrados a la jodida violencia. Saludos.

  2. No te falta razón, la cuestión es cómo se produce la información y con qué fin se publicita. Sería un experimento eliminar las noticias metódicas sobre este tema y ver qué ocurre. No creo que fuera una verdadera solución, pero es una reflexión, aunque el verdadero problema es el tratamiento y ese aire moralizante que algunos quieren abordar cuando lo unico que hacen al dia siguiente es ver el nivel de audiencia y no si han bajado o no el número de asesinatos.
    Gracias Cris por tus comentarios

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