Viñetas


Mis palabras se enredan fácilmente. Me enfrento a la página en blanco como a un laberinto que se enrosca sin salida. Aplaudo a aquellos que se expresan con sencillez y contundencia. Con un toque te abren puertas escondidas a la crudeza de la realidad y dicen con poco lo que a otros les costaría una vida. Considero que pocas maestrías como el cómic social, la viñeta, la historieta, la sátira, tienen la contundencia para afilar el lápiz de la crítica, no para garabatear frases mastodónticas, si no para advertir de las injusticias con monigotes.

Carlos Iglesias

Carlos Giménez

“Marea Roja” fue el nombre que le dimos a la revista del instituto, un engendro de acné periodístico. Entre reportajes de revolución chica y poesía ñoña, el coordinador del proyecto nos comentó a idea de colocar una página doble gráfica. ¡Pues, vale!. A la semana siguiente nos trajo una ilustración de Carlos Giménez, al que descubí y admiro desde entonces, en la que reafirmaba nuestra liviana idea de la lucha de clases. Giménez es un referente nacional y mundial. Nacido en Lavapies, tuvo una infancia difícil, de hospicio en hospicio, en donde el lapicero le servía para ahorrarse algún responso y misa de doce y ganarse unos durillos y luego para lograr un oficio.  Su obra combativa nació en los tebeos de los sesenta, se consolidó en oposición al franquismo y se ha extendido prolíficamente desde la conciencia social y una amplia gama temática y de calado autobiográfico, por ejemplo, en ‘Paracuellos’. Es un maestro, candidato al Premio Príncipe de Asturias de Cultura este mismo año.

Recuerdos de la infancia. Mañanas de domingo de reunión entre las sábanas de la cama paterna. La radio está puesta y la luz derrite las legañas. El periódico se deshace en cachos en la sala de espera del baño antes de ir la misa obrera. En mi turno el interés hacía saltarse de una vez todas las páginas hasta llegar a la penúltima. La tira de

Mafalda de Quino

Mafalda de Quino

Mafalda. La leía sin entender mucho de lo que quería decir, pero dejando un regusto agradable. Mi padre la recortaba y guardaba en una carpetita azul. Quino crió a Mafalda y ella echó a corretear por todo el mundo. Y ahí sigue la niña cumpliendo tacos, aprendiendo idiomas y diciendo verdades como puños, con esa inocencia que puede contestar las preguntas más complicadas. Hace unos días salía en el telediario que en una calle de Buenos Aires, muy cerca del taller de Quino, que no es solo Mafalda, habían puesto una figura de esta niña curiosa sentada en un banco. Los turistas podrían fotografiarse junto a ella. Un icono. Ojalá hubiera más Mafaldas en este mundo.

El roto

El roto

Veo en las tiras de humor gráfico de los periódicos un posicionamiento mucho más directo que en los editoriales de palabras. Parece que los dibujantes tengan más libertad para expresarse que los jefazos de la redacción o que tengan más mala tinta guardada en su estilográfica. Mis favoritos en este ala “radical” son El Roto y Miquel Ferreres. El Roto, antes OPS y siempre Andrés Rábago, tiene la habilidad de poner el dedo en la llaga y siempre va mucho más allá que sus correligionarios en El País, tanto que hasta se atreve a arremeter contra los intereses generales de la empresa periodística y sus amortizables EREs. Su estilo es sobrio, de trazo gordo y de rostros anónimos, sátiro y no humorístico. Criado en la protesta fascista, colaboró en la mítica ‘Hemano Lobo’ y sigue dando bastonazos como entonces porque los tiempos no han cambiado tanto.

Miquel Ferreres

Miquel Ferreres

Nada que ver tienen las formas monocrómaticas de El Roto con la obra de Miquel Ferreres, catalán, catalanista y de izquierdas. Es un caricaturista, que deforma los rostros de los políticos con su carbón y los embadurna de betún con sus “bocadillos” repletos de sal para la herida política catalana, nacional e internacional. Ferreres no se calla, aunque se meta en follones con la Embajada de Israel (ver la viñeta de arriba). Para mí era de lo poco salvable de los rotativos del Grupo Zeta (El Periódico de Catalunya) y ahora en Público, ante en La Vanguardia. Siempre Barcelona, cuna de los mejores ilustradores del país.

Handala de Al Ali

Handala de Al Ali

Los humoristas gráficos no son amigos de los poderosos y con sus trazos pueden mover conciencias y movilizar a las masas. Y dibujar símbolos. Handala es uno de ellos. Un niño que da la espalda al lector, como el mundo se la ha dado a él. La caricatura del empobrecido refugiado palestino es un icono de la resistencia de ese pueblo y es obra de Naji Al Ali, asesinado a balazos a finales de los ochenta por un desconocido. Al Ali no comulgaba con la invasión israelí, ni con los dirigentes árabes, pero se ganó el respeto de muchos de sus seguidores. Estaba con la gente. Su protesta labró su camino hacia la muerte y la leyenda, porque hoy Handala sigue dándole la espalda al mundo, sin hogar, descalzo, pisando una tierra que no es suya, pisoteando nuestra conciencia.

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~ por sraly en 6 septiembre 2009.

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