Contraindicaciones de una barba


Al afeitarme aparece una realidad que no me gusta. Rejuvenezco y lo que sería una bendición para adictos al botox para mi es un reflejo en el que no me reconozco. Para ocultar mi miedo camuflo mis generosos mofletes con cuatro pelos. En su tiempo se estilizó una perilla poblada y unas alargadas patillas que quedaban fetén con mis gafas de pasta y esa chaqueta de chándal marca Adidas, color naranja chillón que mi padre tenía como alimento para la polillas desde hace varias décadas. Con los años la lucha con el adolescente imberbe que se oculta en mi rostro se degradó al nivel de barba de tres días, aunque para mi retardada fase de crecimiento capilar era una costrucción de tres semanas. Mis pelos faciales son huidizos y dejan incontrolables calvas como claros en el bosque. La genética me ha regalado unos brotes pelirrojos en honor de mi santa madre.

En vacaciones repito la misma rutina. No me afeito. Así redujo los utensilios en la mochila y doy aplomo al disfraz de aventurero perdido por el mundo. Este año no fue menos, pero la cosa venía de antiguo, porque llevaba varios meses de cultivo de una barba generosa que aún hoy alimento con la vagancia y patética histeria de encontrar en el reflejo a ese zagal jovenzano de redondeado contorno al que aborrezco.

Pero ser un barbudo tiene unas contraindicaciones y la pelambrera no amanece en la llanura de las caricias con una guía de instrucciones que alerte de los peligros de dejarse llevar lejos de las maquinillas de afeitar. Estos últimos días he sufrido estos efectos colaterales y de ahí mi adhesión a este blog para vuestro disfrute o pasotismo.

zztopA la señorita Rochi, esbelta beata y virgen treintañera que utiliza la palabra marido para señalarme ante mi chica, le costó 0,5 segundos (jódete Bolt) acuñar esa frase que madres y abuelas –éstas con el permiso que le dieron los dolores del parto–, habían repetido hasta la saciedad: “A ver si te afeitas que estarás más guapo”. Mola. La ecuación es fácil. Con esos pelos eres gentuza, alguien indeseable, basura humana, un hippy. Córtate el pelo y búscate un buen trabajo. Ostia, las dos encajan conmigo, a ver si van a tener razón. Rochi ha sido la 65 señorita que en la últimas semanas han disfrutado de mi mueca al interpelar tópicos de inteligencia menor: “no me beses que rascas”, “trae que te la corto yo en un momentico”, “es que me asustas a la niña con esos pelos”, “pareces Jesucristo”. “qué cosas tienes”, “ya no tienes edad para esas tonterías”…

Eso sería pecata minuta si no fuera por otros dos acontecimientos de extraño calado que me han acercado al abismo de los bichos a los que se identifica con barba. Explico por qué lo digo. Vale que llevaba casi dos horas de caminata bajo un solete castigador, que había pasado la mañana dando vueltas como una peonza mareada, que había sacado del armario una camiseta de uso abusado, en fin, que mi atuendo y garbo no eran de gentleman. Sigamos. Bajando una calle pasé al lado de un señor que esperaba enun semáforo. Cruzamos las miradas y al darle la espalda escucho. ¡Espere, espere!, me alertan Me vuelvo y veo como el caballero saca de su bolsillo un pequeño papelito y un euro y medio y me los entrega. Rechazo el dinero y me quedo con el trocito de minicuaderno. Sigo mi diáspora malagueña y compruebo que en el regalo figuran las direcciones de varios comedores y servicios de ayuda a indigentes. El caballero de buen corazón me había confundido con un indigente, una identificación que no me molesta como tal, pero que me sorprende por la exageración y el uso de la barba para ponerme en la cola de Caritas.

Pero el cliché del barbudo ha alcanzado hoy otro nivel de mayor preocupación. Mirador de Europa, famoso bocado al Mar en Nerja, sí ‘Verano Azul’. Cerca de donde Bruno cantó eso de “te doy, te doy, te doy lo más, de mí, a tí, al borde del abismo”, me hallo sentadito contemplando al Mediterráneo en dia nublado y bandera roja. Un viandante se detiene al verme, se acerca y pregunta: “¿Hablas español?” “Claro”, contesto. Me entrega un panfleto tamaño DINA-4 que lleva en la mano. Obvio al mar por unos minutos y persigo con los ojos la marcha mi donante folletero. No se vuelve a parar y parece que solo yo he sido el receptor de su revistilla. Que suerte, co. La abro y contemplo una colección de fotos de lo que parecen granjeros barbudos pasados de moda retratados con todo tipo de señoras cubiertas con trapos de época atrasada y sonrisa amplísima. El título de la propaganda reza “Las doce tribus” y los textos del interior resaltan la calma, liberación y vida rural de un grupo probíblico que sigue los designios de los pimeros católicos. Una secta de barbudos. Y me han identificado como uno de ellos. Creo que ha llegado el momento de afeitarme. ¿O no?

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~ por sraly en 12 septiembre 2009.

2 comentarios to “Contraindicaciones de una barba”

  1. Estás más guapo con barba.

    Es curioso que estás recomendaciones van siempre en la misma dirección. Si tú le dices, pongamos, a una pija treinteañera, que su forma de vestir le hace parecer una señora mayor y pretenciosa, todo el mundo te mirará escandalizado. Por supuesto, ella sí te podrá decir que con tu barba pareces un mendigo.

    • Que razón tienes mi bella marmotilla. A la que cito, que no se merece tal escarnio, lleva siempre los pendientes de perla de su abuela, del que siempre brota mi desaprovación jocosa, pero siempre se queda en eso, mientras sus comentarios sobre mis pelos son aprobados por mayoría absoluta. En fin

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