Imaginen


Imaginen que buscan piso en una ciudad española digamos Málaga, al azar. Que en su ir y venir por lo que llaman el centro, pongamos que en la calle Frailes, por decir una, se divisan unos cartelotes blancos con un número en negro al que contesta un señor. Que dice que para ver los pisos, porque son varios, hay que contactar con la portera del remodelado edificio.

Imaginen que al llegar a la puerta se cruzan con la susodicha empleada que se iba a ‘tomar la fresca’ porque “mi casa es un horno de pollos”, que la achaparrada mujer tiene la bendición del gracejo andaluz y que va mostrando los posibles hogares trenzando sonrisas y frases de chirigota. Que al mostrarte un ático cuenta la historia del chino que lo quiso pese a su olor pestilente y a ‘la habitación del túnel’, algo así como un zulo inhumano del tamaño de un armario grande, y que el dueño se negó a alquilar al oriental.

Imaginen que al tercer apartamento y al ser preguntada, la locuaz señora portera desvela que esta tarea de inmobiliara la hace sin compensación económica y que encima no tiene seguro ni cotiza a la seguridad social, que es viuda, que tiene un hijo enfermo de cáncer y que no quiere jubilarse a sus 69 años porque le quedará menos de los 1.000 eurillos que ingresa ahora gracias a la renta de su marido y dos trabajos.

Imaginen que la empleada del dueño del edificio, de más de 18 apartamentos y unos cuantos más en, digamos por decir, Torremolinos, se niega a mejorar sus condiciones, reguladas por convenio nacional, y que no quiere darle una vivienda menos calurosa y más cómoda (ni siquiera la de la hibatación del túnel) y que deja al hijo enfermo residir en un oscuro cubículo al que tiene que agacharse para entrar. Hasta imaginen que el acaudalado propietario de respetable y admirable familia incluso le tiene prohibido llamar al médico en los frecuentes recaídas de su hijo y le obliga a ir en taxi al hospital no vayan a enterarse de cómo vive.

Imaginen que alguien se interesa por este asunto y saca a la luz una situación denigrante de explotación y falta de derechos vitales en el siglo XXI. Imaginen.

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~ por sraly en 12 septiembre 2009.

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