Thomas McCarthy


En ocasiones las traducciones son odiosas. Hablando de películas, el doblaje mata gran parte de la actuación y envenena el resultado. En España es una de las peores tradiciones culturales que sobreviven a un proteccionismo estúpido del idioma. El ridículo se agudiza en la conversión de los títulos, trabajos de mínima calidad en la mayoría de los casos que despluman la relación del original. En otras ocasiones, que no gastan los dedos de una mano, superan al primigenio. Es el ejemplo de  ‘Vías Cruzadas’ (The Station Agent), que acaban de echar en La 2. El nombre en castellano es menos aséptico que el inglés y agudiza con un juego de parecidos entre dos palabras (vías/vidas) muy apropiado la conexión entre el argumento de la película. La breve y extraordinaria filmografía de Thomas McCarthy (su segunda y última obra es The Visitor) ahonda en las relaciones humanas y cómo éstas son capaces de transformarnos, como un desconocido puede convertirse en el centro de nuestro universo y el generador de una revolución inerior en una vida agobiada por la soledad o la rutina.

the station agentEn Vías Cruzadas se presenta la existencia de tres personajes que coinciden en un pueblo de entorno bucólico de Estados Unidos. Un enano silencioso enamorado de los trenes, reprimido por su condición y la constante mofa de la sociedad, se traslada a una estación de tren abandonada que ha heredado. Allí interactúa con un vendedor de perritos parlanchín, su contrario, y una mujer que huye de la muerte de su hijo. En su encuentro se aventurarán hacia salida a sus miedos directa hacia un futuro menos atormentado y en compañía.

the-visitorThe Visitor comparte esa catarsis vital que el protagonista, un profesor de Universidad viudo y atormentado por su existencia gris, encuentra al ir a un congreso, al llegar a su viejo piso en Nueva York, y tropezarse con una pareja de emigrantes viviendo en él. La convivencia entre seres tan distintos descubre rasgos de humanidad enterrados en la apatía del achacoso profesor y le sorprende feliz en un mundo de colores y donde el amor y la solidaridad es posible, pese al miedo instalado por lo diferente en Nueva York tras el 11-S. 

Estas dos películas han sido premiadas en distintos festivales (Sundance, Toronto, BAFTA, San Sebastián…) y aparecen como avanzadilla en el llamado Cine Independiente Americano. Comparten esa preocupación por la sensibilidad y necesidad del calor del hombre con el hombre, sea cual sea su condición sin importar sus diferencias, y una simpleza y delicadeza en la ejecución de los planos. Richard Jenkins, secundario de cara reconocible, fue más que merecidamente nominado al Oscar al mejor actor por su extraordinaria actuación de soso académico que halla el ritmo de la vida en unos desconocidos. Thomas McCarthy es el responsable del guión y ha llegado a la dirección tras una poco profunda carrera como actor (Los Padres de ella, Buenos Noches y Buena Suerte y la serie de culto  The Wire).

Os recomiendo ambas películas si no las habeis visto todavía.

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~ por sraly en 29 septiembre 2009.

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