Democracia a tiros en Guinea


Guinea es un país arrinconado en la costa atlántica de África y encerrado por otros estados consumidos en las últimas décadas por guerras civiles y sucesivos golpes de Estado. Guinea, apellidada Conakry para diferenciarla de Guinea Bissau y Guinea Ecuatorial, la excolonia española, no ha sido una excepción en este lado del mundo conflictivo, azotado por la miseria, la violencia, la corrupción, el narcotráfico y la incapacidad internacional para llevar la paz y la democracia a un rincón donde los intereses económicos de Occidente chocan con el bienestar de una población dividida en etnias enfrentadas.

El difunto Lansana Conté, dictador de Guinea, junto a Chirac

El difunto Lansana Conté, dictador de Guinea, junto a Chirac

El pasado mes de diciembre murió Lansana Conté, dictador de Guinea desde que se alzó con el poder en 1984 y se perpetuó en él con un sistema ‘democrático’ denunciado por su falta de transparencia, prohibición de partidos opositores y manipulación fraudulenta de las votaciones. Enfermo desde hace tiempo, diseñó su sucesión para que recayera en manos de Aboubacar Samporé, presidente de la Asamblea Nacional, y no dudó en reprimir con masacres las manifestaciones por un verdadero giro democrático que se dieron durante su larga agonía en lujosas clínicas europeas.

Matanza de civiles del régimen de Conté

 

Pocos días después de su fallecimiento, su produjo un exitoso golpe de Estado que frustró el plan continuista de Conté y elevó a la presidencia al jefe del grupo golpista, Moussa Dadis Camara. La acción fue condenada por los organismos internacionales y Guinea fue retirada de inmediato como miembro de las principales asociaciones panafricanas, pero sí fue aplaudido de forma personal por presidentes como el de Senegal, Abdoulaye Wade, o el libio Muammar Al Gaddafi. Por contra, el país pareció aceptar de buen grado a la nueva Junta Militar autodenominada Consejo Nacional para la Democracia y el Desarrollo, que prometió un periodo de transición hasta la organización de elecciones ‘limpias y transparentes’, según las palabras de Camara, en diciembre del 2009. El nuevo jefe de Guinea prometió no presentarse para eliminar los temores a la formación de una nueva dictadura.

Camara contesta al representante de la UE sobre sus ‘intenciones democratizadoras’

camara

El capitán Moussa Dadis Camara, presidente de Guinea

Camara, formado en Alemania y apodado como ‘una mezcla de dictador y Robin Hood’ por la prensa, justificó el golpe ante la ‘desesperanza de la población’e ‘incapacidad del gobierno para solucionar la crisis’. El alto mando de paracaidistas pronto se presentó como un locuaz orador de discurso eminentemente patriótico, ataviado con uniforme de camuflaje y bandera guineana. Sus primeras acciones fueron denunciar los abusos de la época Conté, presentando en público por un programa de televisión (‘El Show de Dadis’) las acusaciones de corrupción y apoyo a los ‘narcos’ de los familiares y amigos del dictador, manifestó su intención de renegociar y nacionalizar las concesiones mineras autorizadas a empresas europeas (Guinea es el primer exportador de bauxista, mineral esencial para la fabricación de aluminio para aeronaútica, además de oro y diamantes), y orquestó un plan de ataque para ganarse las simpatías de Europa con el objeto de frenar el acceso de los narcotraficantes de América Latina que utilizan Guinea como base de maniobras de entrada de la droga por mar hacia España y Portugal.

Reportaje sobre el plan antidroga en Guinea

The Dadis Show

 

Las evidentes suspicacias que mantenían los organismos internacionales ante el talante democrático de la Junta militar pronto tuvieron argumentos al cambiar Moussa Dadis Camara de parecer y declarar sus intenciones de presentarse a las elecciones. En los últimos días se recrudeció el malestar de los grupos de oposición, que en un principio aplaudieron el Golpe y su visión de cambio, hasta que el pasado domingo saltó la careta del dictador. La manifestación contra la presentación del golpista a los comicios de diciembre, prohibida por la Junta, fue reprimida con plomo. Unos 157 guineanos murieron y 1.253 fueron heridos al ser cercados por el ejército en el Estadio Nacional, donde fueron encontrados 87 cadáveres. Además los principales líderes de la oposición fueron detenidos y sus casas saqueadas. Diversas fuentes hablan de violaciones públicas. Camara acusa a una facción enloquecida de mandos de su ejército de la brutal represión, promete ‘depuraciones’ y ha decretado dos días de luto, además de prohibir cualquier reunión pública en el país. La Unión Africana y la Unión Europea estudian sanciones. Francia, la antigua colonia, ha retirado su apoyo militar. 

Imágenes de la reciente matanza de Conakry

La respuesta internacional tiene que ser contundente para provocar la democratización de Guinea y mirar más allá de sus intereses económicos y de sus empresas multinacionales, como el escandaloso ejemplo de España en Guinea Ecuatorial. Los recientes vientos democráticos que soplan en esta convulsa zona –la pacificación de Sierra Leona y Liberia o las elecciones de este mes en Guinea-Bissau tras los sospechosos asesinatos del presidente ‘Nino’ Vieira y el Jefe de Estado Mayor, Na Waié, ambos contrincantes– tienen en Guinea una tormenta de plomo que debe llegar a los oídos de Occidente para cerrar con su acción democratizadora algunas de las heridas perpetradas durante siglos en África.

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~ por sraly en 30 septiembre 2009.

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