37 metros


Hace años que no subía a la azotea. La ciática le había sacudido en el pequeño tramo de escaleras que sobrevivieron a la instalación del ascensor. Allí arriba se observaba casi toda la ciudad engordando con urbanizaciones y avenidas que borraban el recuerdo de un horizonte verde y un cielo azul. El suelo estaba agrietado por el paso del tiempo sin que la nueva comunidad, rellenada con jóvenes e inmigrantes que ocupaban las casas que dejaban los viejos vecinos hacia el camposanto, le prestara atención en su rutina. Ya nadie subía a tender la ropa hasta allí arriba, como aquellas luminosas mañanas de domingo en las que hacía compañía a Lucía diciendo que le gustaba contemplar el paisaje como un pájaro. Le mentía, mentira piadosa. No terminaba ella de volverse colgando sábanas o sus calzoncillos de algodón con las pinzas de madera en la boca, que él la espiaba sutilmente contoneándose en su labor. Nunca perdió el deseo ni cedió al agotamiento del amor.

La mirada le llevó hasta aquel pequeño parque que antes era el inicio de un viejo bosque de castaños y abedules que protegían el lecho de un río desaparecido. Recién casados, cuando su urbanización limitaba la ciudad y el campo, caminaban hasta la solitaria orilla y pasaban la tarde. Recuerda, en una ocasión, un caluroso día de verano, la temperatura les invitó a un baño y se enzarzaron en un juego de chapoteos y remojones infantiles que desembocó con sus cuerpos fundidos en un torrente de besos, abrazos y sexo espontáneo. La quería con todo su alma.

Nunca tuvieron hijos. Ella se inculpaba de la fatalidad y en silencio fue aceptando una existencia solitaria en la que nunca les faltó la felicidad y el cariño, sus detalles de enamorados. Desde la azotea se observaba diminuto el oxidado y clausurado puesto de flores en el que, al volver del trabajo, en ocasiones le compraba un ramo de petunias que ella recibía con sorpresa y una sonrisa avergonzada. Se rodearon de buenos amigos, cenaron en los mejores restaurantes o viajaron a donde quisieron y su sueldo de funcionario en el Ministerio de Trabajo les permitía.  Ella decidió guardarse en los cuidados de la casa y renunciar a sus estudios de leyes que compartieron y les unió para no empañar la posición de su marido. Él nunca le había pedido nada. Eran otros tiempos. Una prejubilación le había devuelto el tiempo libre, el ocio compartido de la vejez, las lecturas matinales de los diarios, alguna visita al pueblo donde cada año se llevaba a unos pocos, los pequeños vicios cotidianos, los churros del domingo, la ópera en el tocadiscos, la comunicación en silencios, el olor del potaje, las historias que decía no acordarse para que ella se las contara con su voz dulce y limpia…

El edificio no era muy alto, pero estaba situado en una antigua colina y resistía como atalaya a la proliferación de barriadas de bloques grises que se multiplicaban a su alrededor. A varios kilómetros, sobresalía la sobria silueta del hospital cuya estructura lineal parecía espantar las emociones y guardarlas para sus adentros. Había memorizado el trayecto. Siete paradas de autobús hasta llegar a la entrada del complejo sanitario. Cuarta planta, habitación 415.  Desgastó los pasillos en largas semanas sin buenas noticias desde que aquel día, al volver de ver el fútbol en el bar, se la encontró desvanecida en el suelo y con la cadera rota. Nunca volvería a levantarse, acostada en la cama en la que se fue apagando. Hace tres días se fue entre lágrimas y con un sordo quejido que arrancó dos vidas de su último abrazo. Ayer la enterraron. Vinieron todos los que quedan. Muchos. Apoyos, ánimo, cuenta con nosotros para lo que quieras, ya sabes dónde estamos, solo tienes que llamar, vente algún día a comer a casa, no estás solo.

Solo era dar el paso. Uno más. En esa azotea. No se lo pensó. Abajo 37 metros, el vacío. La paz. Ella.

Anuncios

~ por sraly en 9 octubre 2009.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: