Otro paseo por un psiquiátrico llamado Nueva York


Esta semana me he dedicado dos bocados de placer cocinados por el maestro Woody Allen. Saboreé en la intimidad del salón la maestría de Manhattan en versión original y hoy he cenado su última cinta, titulada ‘Si la cosa funciona’, con el condimento amargo de la versión horriginal del doblaje: Es penoso que se quiera imitar con tan poca gracia y acierto acentos ajenos como el sureño pueblerino de la bella partener de Larry David.

Ambas cintas lindan como casi todas las que llevan la firma de este productivo director de una pelicula al año. Mil gracias por su esfuerzo para cultivar nuestras mentes y mantener sus ingresos. Quiero resaltar varios puntos coincidentes. Uno brillante como las neuronas del judio psicoanalizado. Hablo del inicio, de los primeros planos de presentación que siguen a los créditos marca de la casa. Uno, el de Manhattan, es sobresaliente por su composición, montaje, un homenaje puro de Nueva York. Y el otro, por el discurso sencillo que presenta al protagonismo y su historia con un contundente guión que azuza contra la naturaleza humana y el existencialismo y el cómico uso del truco de Pirandello de romper el misterio de la pantalla (llevado al éxtasis alleniano en La Rosa Púrpura del Cairo) que se recupera varias veces en el trayecto hasta el The End, usándolo también como epílogo.

si-la-cosa-funciona

Es de agradecer el retorno de Allen (momentáneo porque retornará a Londres en su próximo film con Antonio Banderas en el casting) a su amada Nueva York. En su periplo europeo solo hay que resaltar Match Point, porque el resto, incluida la ‘española’ Vicky Cristina Barcelona, están en el límite de la comedieta ligera con toques de humor inteligente y paranoico del autor, pero solo toques. Allen nos pasea por ese Nueva York que solo él es capaz de retratar, rincones en forma de restaurantes, galerias de arte, puestos de comida callejera, mercados, avenidas, terrazas en solares, casas llenas de bohemia… un mundo personal y maravilloso en el que consumir una vida.

Es de destacar la actuación de Larry David, que se convierte en el alter ego que mejor ha captado la esencia de Allen y su universo histriónico. Pena no escucharlo con su voz (yo al menos), pero el actor también judio hace suyos los diálogos con una naturalidad asombrosa y se acopla a la perfección a la personalidad enfermiza, psiquiátrica, maniática, soberbia, egocéntrica, parlanchina, perdedora, pedófila… que Allen ha retratado en anteriores cintas en persona y que ahora ha cedido el testigo a un sucesor más que digno. La actuación de David se sazona con otras apariciones que se mezclan en un zoológico de personalidades típicas de las neurosis del director amado en Europa. Hablamos de burgueses e intelectuales de la clase media estadounidense, azotando a las ideologías más conservadoras y dejando títere sin cabeza cuando se refiere a la fe, sea cual sea su Dios. Al ver esta película recuerdas trazos de otras anteriores, todas con toques autobiográficos, está llena de esos tópicos que rechaza el protagonista, (las charlas de amigos en las mesas de un bar, los paseos por los museos, las composiciones sexuales exageradas, las consultas al loquero…) enlazadas en los enredos y amorios de un adulto enrollado con una muchachuela rubio, inexperta sexualmente e incauta (otra coincidencia con Manhattan, aunque con mayoría de edad) y los nudos cómicos que provocan las apariciones de otros personajes y sus interactuaciones. El reiterado universo de Allen que a mí no me asombra, pero tampoco me repite, si no que me relamo en su ingenio hecho diálogo.

Una pega. Hay fallos de racord tremendos en el único diálogo del protagonista con su exmujer al principio del largometraje y luego al final, unos errores que sorprenden por la calidad del montaje que suele seguir a la firma de Allen.

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~ por sraly en 4 noviembre 2009.

Una respuesta to “Otro paseo por un psiquiátrico llamado Nueva York”

  1. Demasiada dosis de New York para una pobre pueblerina hartica de los ruidos, coches, bullicio y más ruido de una pequeña gran ciudad como la capital de la costa del hormigón. Lo mejor de los dos flims, sin duda, aparte de ese alegato machista-pedófilo ( por dios, quién se puede creer que dos chicas guapas y listas se líen con dos tíos tan insoportables y asquerosos ), la compañía.
    Creo que esta no era mi semana Woody Allen, qué le vamos a hacer!

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