El policía y la minifalda


Uno de los castigos de la pobreza es el transporte público. Antes no tomaba el autobús ni muerto. Qué desfachatez para un señor como yo. Que me lleven al punto exacto y rapidito, que paga el jefe. Eso de hacer cola a que llegue el 36 y luego estar oliendo la sobaquera del vecino y soportar las pataditas del impertinente niño al que la madre no hace ni caso porque está preocupada en que no se le caigan las siete bolsas del Carrefur, eso no va conmigo, por favor. Por no hablar de esos niñatos que hacen temblarte de rabia con el politono cargado con el rigitón a todo trapo. Evitaba esas penurias levantando el brazo y diciéndole a mi chófer en alquiler que me acercara al Cascajo. No es que fuera un viaje relajante, un spa con ruedas. Si el maromo se enteraba de su puesto de curro te soltaba la retahíla de quejas del gremio de la banderita por un artículo de no se quien. ‘Yo soy de deportes’, esgrimía como defensa. Pero nada oye. La Cope a todo meter, que no sé si eso es mejor que el politono de ‘Mami dámelo todo, corasón’ perforándome la oreja.

Ahora no tengo remedio. El taxi ni lo huelo, que es muy caro. Salvo urgencia. O solidaridad feminista. Lo digo por una noticia que me he desayunado hoy en el diario Sur, que no es que sea el Pravda. Resulta que a una señora taxista le han multado en dos ocasiones por ir con falda a trabajar, vestimenta que un policia (digo uno porque fue el mismo señor del pito el que le tocó dos veces la matrícula) califica de indecorosa y contraria a lo que apunta el código del taxista. Qué huevos tiene el señor agente, ahí de cara, enfrentándose con los problemas mundiales, con gallardía y valentía, como tiene que ser. Seguro que luego dejo la motoreta y se lió a estamparle el mazo en la cabeza al bombo de su cofradía o a ir de cazería con el señorito de su pueblo. Eso si que es un hombre, un salvador de la sociedad de derecho, de pelo empecho y curo y carajillo en la sobremesa (o en el desayuno, para ir a tono al curro, jodé). Humillante, por no pronunciar adjetivos más contundentes, resulta que a un policia le dé por ir contra una mujer por su aspecto y no se encargue de problemas mayores (por ejemplo el intrusismo en el propio gremio del taxi). Espero que alguna asociación o algún responsable haga algo al respecto (anular o reescribir esa ordenanza sería un comienzo lleno de lógica) y este señor sea reprendido para dar ejemplo, porque luego nos lamentamos de los asesinatos machistas cuando consentimos agravios contra la igualdad de los sexos de individuos que deberían estar para otras cosas, que para eso les pagamos, señores.

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~ por sraly en 12 noviembre 2009.

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