Canteca de qué


Me chirrió que Canteca de Macao actuará en la Expo. Fue el único grupo que una marmotilla calificaría como madalenero (me ahorro los calificativos malsonantes de este bicharraco bello) que se subió al escenario terriblemente insensible de este evento denostado por el oyente arquetípico de los ‘Canteca’ por razones expeculativas y de mercadeo global bajo un lema vacío como un vaso al revés. Confieso que acudí al concierto y no se me calleron los anillos, pero me fui con una impresión vaga, no diría que decepcionado, con el cuerpo tibio, ni fú ni fá, tras un chute de 45 minutos con una falta de sal espantosa y con un público tan poco entregado como ellos y otros echándoles para que entreran los Café Tacuba. Esa sensación sin sensación y la rareza de su presencia en el foro del ‘enemigo’ capitalista me devolvió a casa a refugiarme en sus discos, sus letras, a su combate social, su independencia, su postura valiente, a su alternativa libertaria que chocaba de morros con su Exposición sosa.

Un año y medio después me volví a encontrar de cara con ellos. Estrenaban disco (‘Agua pa la tierra’, ¿otro referente a la Expo?) y lo presentaba en la sala Tren de Granada con unos ingredientes más acoplados a su imagen que aquel escaparate desolador de la orilla alicatada del Ebro. Y bien que se notó el cambio. Los ‘Canteca’ me limpiaron la lengua de mi recuerdo amargo y me pusieron en la lengua un caramelo lleno de contraste y alegría. No voy a hablar maravillas de las alternativas que presenta este grupo, musicalmente encuadrado en el rollito mestizo-aflamencado que otros clavan con mayor clase y calidad instrumental y compositiva, pero sí quiero resaltar su compromiso con letras de auténtico calado de denuncia (inmigración, malos tratos, derechos humanos, el disfrute de la calle, la igualdad plena…) que quizá en su nuevo disco se estrecha, aunque aún intensa (no sé si el fichaje por Warner tendrá algo que ver), pero sigue siendo un santo y seña que les diferencia por su contundencia.

Los Canteca, diminutos en la Expo

Pero quizá esto no sea lo sorprendente. El impacto mayor llegó por su profesionalidad. Con un mes en el mercado (el disco se puede descargar gratis en su web, con sus otros dos trabajos anteriores y todas sus colaboraciones), las canciones que estrenaban allí sonaron con la misma solidez que los himnos de Cachai y Camino de la Vida Entera y no rebajaron la generosidad del espectáculo. Temas como Música, Madriz (directo a la mandíbula de Gallardón), Agatea, Paco, Jazzmín y, sobre todo, Así es la vida se acoplan a un grado de madurez mayor y en el directo discurrieron paralelos en atractivo a sus anteriores bandas sonoras de lo cotidiano como Bellas, No llores, Sin solución, Contigo, Milonga Sentimental o Alternativa Libertaria (para terminar en todo lo alto), que por supuesto traían el terreno ganado desde casa. Todo enredado con malabares acordes al ambiente chocolatero y un entender el escenario como un espacio para la fiesta, una reuníón de amigos, que otorga al grupo una frescura poco visible y de una naturalidad sin aditivos, inexistente en la Espo. Pero, resalto, todo con una tremenda profesionalidad, un amor a la música y al trabajo ejemplar. Evidentemente Ana y el malagueño Chiki se llevan el caudal mayor de miradas, porque llevan la voz cantante (y él una guitarra acústica bien tocada y de la que fluye el ritmo del resto) y por su expresividad, repetimos, normal, nada exagerada, cómplice, y a mi me gusta, por deformación ventosa, la dulzura de la flauta de Danilo, que si es suramericano, no lo parece por su compás flamenco. Por cierto, creo que Ana empezó algo baja y subió con el ascenso del concierto hasta tomar el toro por los cuernos.

Peros, que siempre los hay. El sonido, hablamos del aspecto técnico, muy mejorable. No sé si era por la sala, que no conocía y me encantó (recomendable para los que paseis por Graná), o por una mala labor del técnico, lo dudo. Segundo, no creo que Canteca tenga que acercarse a otros grupos del ramo a los que se puede comparar, pero no copiar. Por eso me disgusta los intentos de rapear que Ana pretendía desarrollar en alguna canción, como en Música. Me parecieron forzados y su bonita voz no lo necesitan (cerrar los ojos y escucharla, no os recuerda a la Marisol revolucionaria). Algo más superfluo, pero en la misma línea. El vestuario parecía salir del armario de Marina ‘La Canillas’, aunque esto es lo de menos, no me apetece un desvío hacia un territorio ya ocupado, sobradamente ocupado, por sus mayores. Y poco más, que yo recuerde ahora. Os invito a descargaros sus discos de forma gratuita, regalo de los que fueron pioneros en España, y luego ir a la tienda a compraros el disco, que merece la pena, pese a que ahora Warner se lleve un pellizco y no sea material independiente. Pero a mi me gusta. Si, madalenero, ¿qué pasa? Sí, a tí te lo digo, marmota. Qué Los Planetas son unos tristes.

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~ por sraly en 27 noviembre 2009.

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