Haciendo ciudad


Un solar rehabilitado en El Gancho

Cada vez que me abrazo a Zaragoza como inmigrante encuentro un recodo inesperado, un cuadro que no conocía o ha cambiado en este museo de calles, aceras y asfalto que son como de la familia. En este puente me he colgado por el plan que se ha realizado para rehabilitar espacios, solares, abandonados. He visto varios en las zonas más deprimidas del Casco, hablo de los barrios de El Gancho y La Madalena (la parte más cercana al Centro de Historia). Son en total 30 rectángulos de color en mitad de una manchón gris. Sin grandes esfuerzos y con cuatro perras, una capa de pintura y algo de imaginación, se inventan lugares de recreo para todos donde antes florecían aparcacoches ilegales, vertederos espontáneos y hoteles para insectos y ratas. El mobiliario es simple, suficiente, algún banco de cemento o un cajón de madera (elementos reutilizables, reciclados), unas plantas para dar brío, algunas colgadas de unos andamios, un rincón para guardar la bici o un foso para jugar a la petanca, con indicadores grandotes para marcar e identificar su existencia. No sé si serán utilizados por los habitantes de los barrios y espero que no acaben siendo ‘cagaderos’ de perros y que se mantengan limpios y en buen estado.

En estos meses de diáspora se han multiplicado los kilómetros de carril-bici, pero no con la planificación de la Expo, orientados para comunicar Ranillas con el resto de la ciudad, si no en pleno Casco, en las venas principales de la urbe y no con un espíritu invasivo de los corredores peatonales, si no robando un carril a los contaminantes coches. ¿Una batalla ganada? Solo es necesario un poco de superficie antideslizante, una capa de pintura verde y unos separadores para que no se cuelen los vehículos. La constucción del tranvía, muy criticado por una parte de la ciudadanía, va en la misma dirección que estas actuaciones: potenciar acciones encaminadas a hacer una ciudad más sostenible, limpia y abierta para el ciudadano. Me alegra que estas acciones se desarrollen en Zaragoza y que ojalá su ejemplo (y el de Barcelona, pionera en nuestro entorno de este modelo) se contagie en otros lugares. Mientras, los esqueletos de la Expo siguen haciendo silbar el cierzo sin reconocer en ellos el futuro que aseguraban firmado, la Torre del Agua cerrada y los ‘aguaceros’ de cambio dormidos en los laureles. Porque aveces no hay que gastar tanto para crear ciudad, una ciudad para los ciudadanos.

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~ por sraly en 8 diciembre 2009.

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