The wire


Tengo un amigo que es un pedante. Bueno, tengo varios amigos que son unos pedantes. Seguramente yo sea un pedante. Dejémonos de pedanterías. Volvamos a la casilla de salida. Mi amigo, el pedante, vive en Madrid. Fui a visitarle hace un tiempo y al llegar a su casa estaba con el pantalón del pijama puesto, pechera al aire y legaña colonizando su mirada. ‘Pasa, pasa, tío, que estoy enganchado con una serie’. El tipo empezó a diseccionarme su último hallazgo, una serie policiaca calentita de Estados Unidos. Se llamana The wire. Hace unas semanas recordé esta anécdota y busqué los primeros capítulos. De eso hace menos de un mes y ahora estoy cerca a terminar con la quinta temporada, la última, emitida en USA el año pasado.

Mi amigo pedante tenía razón. Esta serie es un peazo de serie. Principalmente trata sobre el narcotráfico en la ciudad de Maryland, lugar en recesión de la costa atlántica, de población mayoritariamente negra, alcalde demócrata, y donde parece que las gansters y las bandas dominan el cotarro. La serie ha sido escrita por un periodista y escritor de la ciudad por lo que sabe de que habla y en su relato introduce personajes reales o que se asemejan a la realidad. The Wire (‘A la Escucha’ en España) está producida por HBO, la cadena especializada en series de Estados Unidos que está en la punta de lanza de la ficción mundial y de donde han salido títulos como Los Soprano, Sexo en Nueva York, True Blood, A dos metros bajo tierra, etc, etc.

En el guión se reconocen parte de los clichés de las series policiacas, pero en ningún caso se queda en la caricatura. No son todos buenos y malos, blanco y negro, persecuciones y tiroteos. La calidad y multitud de papeles (más de un centenar con más de una veintena de fijos) hace de esta serie un cuadro coral que no cojea por las ausencias y, aunque hay protagonistas trasnversales, la entrada y salida de secundarios alimenta al argumento con solidez y un amplio arco de posibilidades que son una novedad y un atractivo en comparación con otras series. Además, la historia de The wire no se queda solo en una lucha entre policias y narcos, el desarrollo de un caso (hilo conductor, con las escuchas como medio de resolución), si no que aborda temas con un trasfondo mayor como la corrupción y la maraña de poder político, el sistema sindical, los problemas con la educación o la prensa. La cámara gira hacia dentro y observamos las vidas privadas de los personajes, nada idílicas, familias destructuradas, alcoholismo, soledad, infidelidad, homosexualidad, sexo (escenas muy, pero que muy explícitas)… que abarcan a los malos y a los buenos. A eso le añadimos un lenguaje sin artificios, mascado en las calles (el fuck y el bullshit no se despegan de la pantalla), y una banda sonora que gana peso desde la segunda campaña, que dan un valor mayor a esta sorpresa. 

Omar, mi personaje favorito de The Wire

Pero como os digo, lo que más me gusta de esta serie son sus secundarios. Hay uno que es genial. Se trata de un tipo a lo Robin Hood, que roba a los capos de la droga para regalar la ‘merca’ a sus cercanos y conseguir efectivo. El tipo se llama Omar y se pasea por las calles con una gabardina donde esconde una recortada. El gachó tiene un tatuaje que le recorre la cara y es gay. Todos le temen y quieren cargárselo.

Pero hay más: un mafioso que estudia Económicas en el instituto para saber llevar el negocio, una niña andrógina y asesina sin escrúpulos, un yonqui soplón de buen corazón, una detective lesbiana con pánico a la vida familiar, un viejo policia que hace muebles de casas de muñecas mientras resuelve asesinatos, un comisario que decide legalizar el narcotráfico, un sindicalista capaz de vender su alma al diablo para apoyar a sus trabajadores, muchos chicos de las esquinas, acorralados ante un destino que no pueden eludir…

En fin, gracias a mi amigo el pedante (de pendante nada, sabio).

P.D: Aquellos que busqueis un regalo navideño, esta es una excelente opción.

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~ por sraly en 23 diciembre 2009.

Una respuesta to “The wire”

  1. […] por la violencia y la depresión económica como la costera Baltimore, escenario de mi admirada The Wire. Desde esa fecha, Modell se convirtió en un villano, un hereje, una persona non grata en todo el […]

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