Capitalismo, una historia de amor


Resbalando hasta las horas prevías a los estrenos de la semana (The Cohen brothers are back!!!!), cruzo el umbral de esta puerta para traeros mi visión de la última película que he visto en una pantalla grande.

Capitalismo, una historia de amor. Un documental de Michael Moore. Punto. Con esta frase, sin necesidad de verbos ni adjetivos, se describe ella solita. Las características fílmicas de este señor regordete y con gorra con bandera de la Unión vuelven a colarse en nuestras vidas como una elocuente visión de los temas troncales de la vida estadounidense. Si Bowling for Colombine disparaba contra la masiva posesión de armas y el continuo estado del miedo de la sociedad USA, Fahrenheit 9/11 era un ataque directo y frontal contra la guerra de Irak y la administración Bush en plena campaña electoral y en Sycko desnudaba las miserias del sistema sanitario de su país, en Capitalismo: una historia de amor, arremete contra el sistema financiero americano/mundial que ha acrecentado la desigualdad social, la pobreza, ha alimentado de poder a una oligarquía y, en su resumen, gobierna a los estadounidenses y a su sistema democrático, una temática, económica, que ya centró su primer documental Roger and Me, sobre la desindustrialización de su conocida Flint. Aquí, Moore denuncia a los banqueros que han dominado la escena política de EEUU para potenciar sus intereses, sus ansias de enriquecimiento fácil y rápido, para destrozar la clase media y endeudar a la nación. Critica las ayudas con las que en tiempos de crisis se ha beneficiado el sistema financiero (Wall Street) culpable de la crisis planetaria mientras muchos ciudadanos se veían ahogados por hipotécas y créditos, con intereses abultadísimos, que no podían pagar y provocaban su desahucio, su ruina y les obligaba a la mendicidad. Descubre cómo empresas se benefician de la muerte de sus empleados con seguros de vida o cuál es el sueldo de los pilotos de aerolíneas o cómo empresas privadas se hacen con servicios públicos ‘sobornando’ a miembros de la administración…

Moore es Moore y como todo personaje muy definido en una posición ideológica atrae igualmente a fervorosos compañeros de trinchera y a enemigos irreconciliables. Con este último documental no cambiará de bando a muchos, porque sigue manteniendo sus constantes. ¿Manipulador? Por supuesto y quién no ¿Sensacionalista? Sin dudarlo. Pero logra su objetivo. Como siempre. Y como siempre monta un cóctel de risas y denuncia para que salgas concienciado del cine para seguir con nuestras vidas capitalistas. Pero concienciado, oye. Visualmente se repiten sus rasgos de identidad: multiple uso de imágenes de archivo recurrentes (empieza con una comparación del Imperio Romano maravillosa), ridiculizaciónes sarcásticas gracias a música e imágenes de personajes malignos (otra vez Bush, Reagan, banqueros de alto nivel…), secuencias exteriores desde el ‘lugar del crímen’ (Walll Street en este caso), utilización de discursos de políticos y personajes intocables en USA (Roosevelt en este caso). No cambia tampoco en la forma en la que construye sus argumentos: documenta los orígenes del problema, da voz a las anónimas víctimas de la situación, descubre maliciosas relaciones reveladoras y oscuras de personajes públicos, saca a la luz casos sangrantes, ejemplifica con sociedades europeas, intenta sacar los colores a los villanos (republicanos, claro), entrevistas punzantes (menos en esta ocasión, la gente ya no quiere enfrentarse a él)…

Dejemos un rincón especial para comentar aquel punto que suele ser utilizado para atacar a Moore: sus ganas de protagonismo. Moore vuelve a calzarse la gorra y aparecer en primera persona, ¿mucho, poco? No ser solo autor, sino protagonista. Él locuta la cinta con su ingeniosa verborrea y aparece en pantalla como entrevistador, bufón, ONG con patas, denunciante, replicante, sorprendido ciudadano, patriota… Es su estilo. Y creo que si no lo estuviera allí le echaríamos en falta. Para mi todas las críticas que le censuran por su egocentrismo y apoyan sus argumentos con el beneficio económico que consigue con sus documentales son mayoritariamente contraataques de los que se sienten aludidos en las cintas de Moore. Moore quiere ampliar la versión de patriota, no solo propiedad de las derechas. Creo que utiliza su vida y vivencias como crónica de la historia del ciudadano medio estadounidense, porque son las que mejor conoce, como referencia para contar lo que quiere (En Bowling se presentaba como miembro de la Asociación Nacional del Rifle, aquí habla de su educación católica y su infancia en la clase media). Por eso cuando documenta la historia de crecimiento americana utiliza películas familiares de super 8 o lleva a su padre al solar donde estaba la antigua fábrica de coches ahora derribada para documentar la desindustrialización y el paro que sufren en su país. Claro, que, como ya he mencionado, ya hay pocos que quieran enfrentarse con un personaje tan conocido y eluden la batalla cuerpo a cuerpo temerosos de la derrota.

Para acabar quiero apuntar tres cosillas. Moore utiliza la palabra de varios curas católicos para argumentar el rechazo de la religión a la base del capitalismo (enriquecimiento, codicia, desigualdad). No son capellanes de pequeñas iglesias como pasaría en España, sino jefazos episcopales de Detroit y Chicago, hijos de la clase obrera que levantan su voz y desvinculan al capitalismo de esa visión mesiánica que se aglutinó para luchar contra el ateo comunismo, argumento de Franco, de la Guerra Fría y también de Bush. Por cierto, glorioso el doblaje procapitalista del Jesús de Nazareth de Zefirelli .

Luego, hay que ver los documentales de Moore desde una visión local, estadounidense. Están hechos para ellos, con la pretensión de informarles, de abrirles los ojos a sus incultos vecinos que no saben mirar más allá de su ombligo, aunque hablen de temas mundiales y que nos afecten a todos por la trascendencia de esta superpotencia. Pero el caldillo es localista, no hay que negarlo, y su misión es enseñar a esta sociedad embobada con su grandeza sus miserias.

La historia tiene un final feliz. Aunque Moore utiliza temas candentes, de actualidad (fue estrenada en USA en octubre y pasó por Venecia con buenas críticas), esta vez todo termina con la proclamación de Obama como presidente y esta se ve como el triunfo de la democracia, el pueblo y la derrota del viejo sistema y el poder económico. Obviamente, Moore es demasiado optimista y pienso que se deja llevar por el ‘efecto Obama’ en la visión monocolor de que todo es blanco o negro (en este caso el negro es el bueno). Veo que ya recula con una carta a Obama en su web, criticando la postura belicista del último Premio Nobel de la Paz.

Como cierre, os dejo un vídeo clip de los Rage, porque no era la primera vez que Moore se paseaba por Wall Street con ganas de juerga. El vídeo, como otros de esta tremenda banda, lo dirigió él, lo que está claro porque no puede evitar salir en algún plano. Jajaja. Porque Moore no es solo sus documentales, sino que su activismo va más allá de aparecer en nuestras pantallas cada dos años y su postura es diaria y multidisciplinar.

Anuncios

~ por sraly en 15 enero 2010.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: