Un gran día


Había sido un gran día.

Apagué el móvil y lo dejé caer sobre la alfombra. Estaba solo en la casa. Me desplomé sobre el enorme sofá, dejándome devorar por los cojines y el cansancio. Cerré los ojos para sentir mejor el silencio desde el que repasar mis recuerdos replenos de ruido. El tímpano aún me bailaba a politono. Llamadas y llamadas. Mis padres orgullosos, habían visto el partido en la peña porque estrenaban la pantalla gigante que les había regalado en Navidades. ‘¡Menuda fiesta que se ha montado! Dice el alcalde que en verano tendrás tu calle’. Mensajes de periodistas, antiguos compañeros de equipo, de trepas, amigos íntimos, primos lejanos, el cantante de un grupo pop, un ministro, nuevos conocidos y mi representante.

-¿Dónde te has metido? Vamos a celebrarlo, largó mi mánager.

-Me voy a casa, quiero descansar.

-¿Descansar? Estás loco. Eres el héroe de medio país. Te tienes que dejar ver. Publicidad, amigo. He quedado con Lara y su amiga la pelirroja. ¿Te acuerdas de Lara? Me dice que todavía no la has llamado, con el culo que tiene, maricón. Vamos a una discoteca y que te hagan unas fotos con ella. Publicidad, amigo.

Negué por tercera vez su compañía excusándome con la necesidad de descansar, dos entrevistas en radio a primera hora y una sesión de fotos para un reportaje de una revista de moda. Sería la portada.

Convertí la oscuridad de mis párpados cerrados en el cine de mis sentimientos. Se iluminó la escena de la jugada. El estadio explotaba. Faltaban unos minutos para el final y el empate nos condenaba al subcampeonato. Escorado recibí una pelota perdida, me la eché en largo, superé al lateral en velocidad con tiempo de acomodar el recorte con el que sorteé la entrada del central. Levanté la vista y vi al portero ligeramente adelantado. La vaselina descendió inalcanzable para acariciar el interior del larguero y evitar la manopla del portero.

Corrí loco hacia el córner. Levanté los brazos y sentí la lluvia empapando mis mejillas. El ruido rodeaba todo. Al segundo noté un abrazo a mi espalda. Unas manos me giraron y, como en ese momento, volví a abrir los ojos. Me llevé la mano a la boca, la boca donde reposó su beso, la pasión del gol, el acto de felicidad del compañero, mi campeonato.  

Sí, había sido un gran día.

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~ por sraly en 14 febrero 2010.

Una respuesta to “Un gran día”

  1. La pasión y la euforia unidos de la mano en un gesta deportiva, la gloria para algunos. El gol queda gravadao en la memoria de los aficionados, pero el beso queda gravado en nuestra alma.
    Salut

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