El alcalde de La Iglesia


Me pongo a los pies de Alex de la Iglesia. Su mitín en mitad de los Premios Goya fueron una de las expresiones ‘políticas’ que más me han conmovido en los últimos tiempos. Fuera de los mensajes vacíos y generales del discurso político fotocopiado, el director de la Academia bajó los humos con humor a sus compañeros de sueños y les recordó que la industria del cine abarca más allá de los ombligos de aquellos que estaban allí sentados con sus mejores trajes, porque ellos son currantes. Habló de los parias del cine, de los espacios oscuros que conviven con las estrellas en el cielo y consiguen que su brillo sea más visible. Y metió un palo a la televisión desde la televisión. Ese discurso fue como el de un alcalde que se acuerda de sus ciudadanos por encima de las grandes filosofadas del jefe con aspiraciones a ministro.

Para mí fue lo mejor de una gala mejor. La ausencia de publicidad dio una agilidad tremenda a un tipo de gala que necesida ser engrasada a la perfección para no perder reprise. Para ello la elección de Andreu Buenafuente fue ideal, un genio televisivo con un estilo simpaticón apto para todos los públicos con gotitas de crítica que se sabe meter en el bolsillo a telespectadores y protagonistas. La noria de premiados se digerió con ligereza entre saludos a la madre, al padre y al amigo del alma, porque no se dejaron demasiadas ventanas abiertas al silencio, con la buena idea la de dar una pequeña biografía de los premiados mientras bajaban las escaleras. La inserción de los chistes de Buenafuente, su acercamiento al patio de butacas, la intervención de los cineastas, el apoyo con efectos visuales (el inundación o Pocoyo), el nuevo montaje comicocircense de Celda 211 o un pequeño musical fueron recursos suficientes para aligerar la velada y ser conectores amenos entre premio y premio. Faltó un traductor para los galardonados ingleses que engordaron la saca de Goyas de Alejandro Amenábar con Ágora y algún plano más de Penélope Cruz y Javier Bardem, que parecía que por contrato no podían aparecer juntos más que un segundo y medio.

P.D: De los premios no digo nada. Me parecieron casi todos acertados y premiaron a las dos mejores películas del años: Ágora y Celda 211.

Las emociones fuertes quedaron para dos pedazo de directores. El galardón a Antonio Mercero fue un momento sentimental de reconocimiento a un hombre bondadoso que ha construido parte de este cine. Y la aparición de Pedro Almodóvar fue como el giro imprevisto que nos deja boquiabiertos en la última escena de la película. La sorpresa y la reconciliación del oscarizado manchego y la Academia fue obra del alcalde De la Iglesia, un hombre del pueblo. Fuerza y honor.

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~ por sraly en 15 febrero 2010.

3 comentarios to “El alcalde de La Iglesia”

  1. http://reygood.wordpress.com/

  2. ¡A mí también me encantó la gala!
    La mejor sin duda de la historia de la Academia … lágrimas de emoción tanto de discursos de premiados como por las imágenes de Antonio Mercera y carcajadas del mayor showman televisivo español actual … y como no, Pocoyo. Amemos a Pocoyo.
    Fuen un buen final de domingo para un buen final de semana.
    =)

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