El belén


Lolo tiraba de mi brazo con toda la fuerza de sus siete años. Odiaba ser el último en llegar al ‘cole’. Esa mañana era especial para él. Su maestra llevaba varios meses preparando un belén viviente en el que todos los niños tenían un pequeño papel. En la mochila viajaba su disfraz de pastocillo. Al dejarle en la puerta le prometí que no tardaría, que sólo iría  un par de horas a mi trabajo y luego volvería para verle. ‘No te preocupes, papá llegará a tiempo’, le dije y me despedí con dos besos.

Antonio esperaba con el coche donde habíamos acordado. Casi no hablamos durante el trayecto, solo repasamos lo que tendríamos que hacer al día siguiente. Me dejó en la boca de metro con un seco ‘hasta mañana’ y recogí del maletero la bolsa. Los dos lados de la escalera mecánica estaban abarrotados y nadie podía adelantar por la izquierda para bajar más rápido al andén. Un cartel luminoso anunciaba que el próximo tren llegaría en dos minutos y un grupo se amontonaba cerca de una tele de plasma que anunciaba la subida del índice del paro. Miré el reloj. Tenía tiempo. 

Decidí subir al tercer vagón. Entré el primero y me senté en un asiento libre. Dejé la bolsa en el hueco bajo mis piernas. En las siguientes paradas continuó entrando más gente de la que bajaba. Era hora punta. Los trabajadores se hacinaban como cerdos camino del matadero. A mí me tocaba salir en la siguiente. Al abrirse la puerta aceleré para llegar primero a la escalera mecánica. Miré otra vez el reloj. Debía darme prisa. Pensé en Lolo vestido de pastorcito y sonreí. Tendría que coger un taxi. Solo me quedaban treinta minutos para llegar al colegio y siete para salir del metro antes de que se produjera la explosión.

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~ por sraly en 1 marzo 2010.

3 comentarios to “El belén”

  1. A lo mejor los terroristas tienen un corazón escondido en alguna bolsa que estalla junto con sus explosivos aunque luego piensen que un pastorcillo les devolverá el latido.
    Me ha gustado el sorprendente final que da mucho qué pensar.

    • De nuevo gracias por comentar mis textos. Supongo que habrás visto Días Contados, de Imanol Uribe. Si no te la recomiendo. Cada ser humano es una bolsa explosiva que esconde un monstruo y un corazón. Y en tí una gran escritora. Al fin sé que eres mujer, Carme.

      Salut

  2. Si he visto la película. Creía que todos sabían que soy una mujer aunque es verdad que no escribo temas desde una perspectiva femenina, suelo escribir temas universales. Para mi el hombre y la mujer son iguales y distintos como el relato que colgué con las tipologias.
    Te devuelvo el cumplido, creo que sabes escribir con poco mucho.
    Salut

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