Habitación en Roma


La marca. El estilo. Es esa forma de hacer las cosas que diferencia el trabajo propio del que no lo es. La firma. Es una especie de distinción, de mancha de agua que impide la copia y que los imitadores nunca logran alcanzar abatidos por la originalidad. Una película de Julio Medem sería fácilmente reconocible en un barullo de celuloide. Brillaría. En mi opinión Medem más que películas elabora cuidadosamente poemas circulares, guiones artesanos que van rellenando meticulosamente los recovecos que dejan como rastro, sin dejar ningún vacío de todas las situlezas que nos ofrece el creador de un relato completo de emociones. Medem es el detalle, un orfebre que engarza cada palabra, cada plano, cada silencio, cada mirada, cada caricia como si fuera un verso con el sentido de expresar belleza. Es un autor.

Vengo de ver su última película, Habitación en Roma (Room in Rome, jugando con el ronroneo de los orgasmos, en su inglés original), que participa en el certamen oficial del Festival de Málaga y que debería ganarlo si no fuera porque no entra a concurso. Esta mañana he podido asistir al pase para la prensa. No voy a hacerle la cirujía a la película, no os la voy a desmembrar, solo haré un pequeño esbozo de lo que me ha parecido, pero también deciros que al que le guste Medem no dude en ir al cine cuando se estrene en unas semanas. Si no os gusta, pues se lo pierden, pero recomiendo que reserven su asiento e intenten cambiar de opinión sobre el director de Tierra o Lucía y el Sexo.

En esta ocasión el riesgo de Medem recae en conseguir la intensidad de su relato y la complejidad de su guión en un escenario adverso en un principio: un espacio reducido (una habitación de un hotel y dos únicos personajes). Sobradamente, lo consigue. Habitación en Roma trata sobre el encuentro en la primera noche de verano, las más corta del año, de dos mujeres, dos hemisferios, una rusa y una española, una heterosexual y la otra homosexual, una atrevida, la otra huidiza, que no conocen nada la una de la otra, pero que saben que se atraen y eso les lleva a vivir una experiencia inolvidable. Terminan alcanzando el Alba mientras van desenredando su verdad desde las mentiras y enredando sus cuerpos desnudos en la libertad hasta someter sus sentimientos al debate de la fantasía y lo real. Cargadas con el peso de su pasado, absorven la noche observadas por la historia de Roma y vigiladas por Cupido desde las alturas.

Si dicen que las escenas de sexo se graban el primer día, suponemos que Medem tuvo que filmar Habitación en Roma en 24 horas y con un equipo técnico reducidísimo (esto es verdad, los créditos duran unos 15 segundos). La bella desnudez de las protagonistas, antagónicas hasta en sus cuerpos (una pequeña, tostada y morena, la otra alta, pálida y rubia), deja de ser visible para ser recubierta por la pasión y el sentimiento que se entrelaza entre las dos mujeres, protagonizadas por Elena Anaya y Natasha Yarovenko, que casi actúan en solitario. Sus curvas, otra vez los círculos de Medem, serpentean entre sus emociones, más contenidas en la gélida tundra rusa y al borde del llanto de la culpa y la pasión española. Elena Anaya está soberbia. Pese a su delgadez, expresa de forma contenida todo eso que no aparece en las palabras y se mueve con soltura en una habitación que es su refugio, como el cuerpo el Natasha, cuya interpretación está, sin defraudar, un punto por debajo. Como dice el guión de Medem, Elena mejora a la luz del día. Y en el cine.

La identidad de las películas de Medem se hace color. El uso de una fotografía muy uniforme, casi de un color, se repite en esta ocasión con el todo pálido y tostado de los cuerpos de las dos amantes bajo las luces interiores de la noche y remarcado por el blanco de la piel de Natasha, de las sábanas o del baño. El director donostiarra hace versos con planos cortísimos, casi acariciando los cuerpos y los sentimientos, y preciosos, saboreándose la belleza de las secuencias de un sexo que roza lo explícito sin ninguna obscenidad, haciendo arte con los bellos cuerpos, son detalles insignificantes como dos pequeños planos de los pies de Elena de puntillas para besar a su amante o el intento de las manos buscándose para pactar un contrato de amor para siempre o el momento en el que se visten de niñas con los albornoces o cantando bajo la ducha… y el primero y el último´, que es el mismo plano elevado pero al revés. Otra vez el círculo.

Pongo el pero en la música. La canción principal es de Russian Red. Es bonita, pero para mí se repite demasiado. Serán manías mías Manía como lo es que me haga gracia el uso de Medem de ‘Contigo’ de los Canteca de Macao… ‘son las cositas del querer’. Por cierto, el cartel (la imagen que aparece en este post) lo ha realizado la fotógrafa Ouka Leele.

Resumiendo, Medem.

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~ por sraly en 22 abril 2010.

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