Frippeando


Cuando uno ha recopilado durante su vida una discografía editada unas décadas antes de su nacimiento, el anuncio de cualquier retorno a los escenarios provoca la excitación que puede sentir un paleontólogo viendo un desfile de Diplodocus por la avenida principal de su ciudad. Estos ‘dinosaurios’ musicales suelen aparecer para dar un repaso a sus viejos éxitos y mantener viva su cuenta corriente gracias a sus fieles. En pocas ocasiones la extinción no ha podido con su talento y se mantienen en forma pese a las canas y la artritis. De uno de estos últimos es del que os quiero hablar hoy.

El viernes acudí sin saber lo que me iba a encontrar a un teatro malagueño pero con un nombre metido entre ceja y ceja: Robert Fripp. Robert Fripp es King Crimson, uno de los grupos que más perturbó la escena musical de finales de los sesenta y principios de los setenta. Encima de la misma ola que Pink Floyd y el resto de abanderados del rock progresivo, los King Crimson clavaron un disco de culto (In the court of the King Crimson) con su primera y esporádica formación (Micheal Giles, Peter Sinfield, Ian McDonald y Greg Lake, luego vocalista de los míticos ELP). Fripp fue cambiando de músicos  (Bill Bruford, Tony Levin, Adrian Belew…) y de estilos bajo una base identificativa durante las sucesivas décadas, manteniéndose en activo hasta la actualidad y editando trabajos de estudio hasta los noventa con producciones que aún emocionaron a la crítica como Thrak, y que seguían la vanguardia de sus años mozos. A lo largo de una carrera sin pausa, el recorrido de Fripp no se ha cerrado sobre los King Crimson y ha colaborado en diferentes proyectos con músicos contrastados como Brian Eno, David Byrne, David Bowie, Peter Gabriel, Steve Vai, Joe Satriani… o incluso ha compuesto ‘ambientes’ para el Windows Vista de Microsoft, por citar una anécdota.

Portada de 'In the Court of the King Crimson'

En esta ocasión Fripp vino acompañado sólo de Theo Davis, saxofonista y flautista de jazz, para desarrollar un experimento de música ambiental que dejó frío al espectador que desde el patio de butacas iluminaba con sus calvas la admiración por el mito. Las piezas fueron pasando por el oído sin atrapar completamente pese a la monotonía del sonido envolvente y la reverberación contínua que Fripp utilizaba ya en su época de King Crimson (hizo una versión de Moonchild), pero que en directo y con solo un acompañante, sonaba pastosa y plomiza. Salí con el convencimiento de que una percusión hubiera cimentado el contenido. La saturación de efectos colapso el buen manejo del metal de Travis mientras que Fripp tomó la guitarra distorsionada para dejar escapar en el aire muy pocas notas de su virtuosismo. El constante eco insistía en el viaje a una órbita lejana, a una atmosfera etérea, a un inframundo selvático o rebotaba chirriante como la banda sonora de una película de miedo o como el estropeado hilo musical de un ascensor de los setenta.

No creo que la potente luz que iluminaba a los espectadores ayudó al traslado relajado al que pretendían invitar los músicos, cuyo comportamiento fue de una frialdad tan británica que más bien parecían funcionarios obligados a cumplir con un horario estricto. El concierto duró una hora de reloj y el único bis, provocado por los más fervorosos (una quinta parte del aforo abandonó el teatro en ese momento e incluso antes), dejo indiferente.

Anuncios

~ por sraly en 2 mayo 2010.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: