El compañero


Nadie se retraso. No como en los partidos. A las 11:58 estábamos todos juntos en el cementerio, unidos por última vez, para despedir a Iván. Nacho, el capitán, había traido su camiseta con el dorsal 4 y su apodo, Pitu, y ahora reposaba sobre el ataúd junto a un ramo de flores rojas, el color de nuestro club. Sus padres y su hermano pequeño agradecieron el detalle e insistieron entre lágrimas lo mucho que le gustaba el baloncesto. ‘Era su vida’, asistía su padre, que conocíamos desde alevines, siempre nos había llevado a los entrenamientos y a los partidos, siempre siguiendo a su hijo, y a todos. También lo hizo el sábado, para las semifinales del campeonato, cuando el corazón de Pitu se paró súbitamente en mitad de una entrada. Se desplomó sobre el parqué. Nadie pudo hacer nada por él. Desde entonces todavía no he podido llorar. Solo un pensamiento viene a mi cabeza. Después de todos estos años, por fin ahora seré titular.

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~ por sraly en 10 mayo 2010.

4 comentarios to “El compañero”

  1. Creo que ya lo decian en Eva al desnudo “El éxito es sólo de las personas despiadadas que saben escalar las montañas de muertos que van dejando atrás.”
    Buen relato
    Salut

  2. Gracias Carme, hace tiempo que no le daba a la tecla, pero tú siempre presente para darme ánimos. Es un placer tan satisfactorio como leerte, un descubrimiento

  3. Cruel. Grande!
    😉

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