Mad Men


En este viaje por las pantallas americanas que me he planteado en los últimos meses y en el que reconozco que solo me falta caer en Lost y los Soprano para alcanzar el cénit del conocimiento medio del consumidor medio de Torrent, ahora me hallo envuelto por las sábanas infieles de Mad Men. En unas semanas, con una voracidad limitada por la ausencia casera de wifi, me he tragado bocados hambrientos de las tres temporadas completas y la cuarta ‘in progress’ que se emite actualmente al otro lado del charco. Esta producción es el caballo de batalla de AMC, la tercera cadena de cable de ficción de Estados Unidos junto a Showtime y HBO, y uno de los productos televisivos más laureados en las últimas temporadas, con 3 globos de Oro y 9 EMIs. A la cabeza y cabeza pensante de ‘Mad Men’ es el guionista Matthew Weimer, que ha recibido las ‘conglatulaciones’ del mismísimo Barack Obama por su trabajo. 

La línea argumental de Mad Men parte del seguimiento de la vida de los ajetreados trabajadores de una agencia publicitaria de Nueva York a principios de los 60. Los textos van descifrando y enredando una trama en la que se muestra la punta de lanza de los responsables de la creación de la iconografía del capitalismo occidental y la dictadura del consumismo de marca para encumbrar el llamado ‘way of life’ de los USA. Sus éxitos públicos se descomponen en escenas privadas llenas de oscuridad, donde el machismo, el alcoholismo y la infidelidad es la otra marca que gestionan estos ‘creativos’ cuya moral vista por nuestros ojos está encerrada en un armario ajado de un anticuario.

Donald Draper y su mujer Betts entroncan la historia que se proyecta sobre la existencia del resto de habitantes de la agencia Sterling and Cooper. El misterio de la personalidad del tan opaco como cautivador Draper y el tormento de una infancia acunada en la miseria y las ausencias absorven el interés en el inicio de una serie que más tarde va encaramándose hacia las vidas del resto de personajes. Como no os voy a chafar el visionado de esta imprescindible serie (la da Cuatro y Canal Plus y HBO en Suramérica), solo os digo que la trama va ganando en interés con el paso de los capítulos (13 por temporada, ahora en el noveno de la cuarta) y alcanza su punto de madurez en el final de la tercera temporada y sigue álgido en la cuarta en construcción. A los toques previsibles de un enredo dramático trufado de sexo (mucho sexo) se añaden giros imprevisibles en una cuidada realización (buenos flashbacks oníricos, uso de la luz, detallismo puntilloso de decorados y vestimenta…)

El guión y la cuidada producción marcan el éxito de Mad Men, acompañada de unas actuaciones sobrias, que se mueven en un espacio escueto aunque, en casos, evolutivo, de los personajes. La contención es la marca de la interpretación de unos actores que han alcanzado la fama gracias a su trabajo, como Jon Hamm, logotipo de Mad Men y que encarna a Donald Draper, escueto en su catálogo expresivo, con un porte demoledor por varonil y elegante, para ser capaz de llevar a su personaje entre los laureles del éxito y los infiernos de un paleto pérdido. Donald Draper es la personificación de una época de fachada impoluta y cañerías malolientes y cegadas de remordimientos.

Digamos que Mad Men es la versión hollywoodiense de la española ‘Cuéntame’, pero sin los ingredientes de serie familiar de la ‘nuestra’. Es menos ‘Cine de Barrio’. Ésta va más allá de los estereotipos y los guiones blancos y alcanza, por diferencias de presupuesto y calidad de la producción, una perfección en la recreación que es decorada con los acontecimientos históricos (el suicidio de Marilyn, el ‘I have a dream’ de Martin Luther King, el asesinato de Kennedy…) y el argumento de la publicidad que hace guiños a un espectador que se siente aliviado al predecir este futuro pasado y riega su nostalgia con viejos eslóganes y spots que han levantado el imaginario de la cultura americana.

La serie va recorriendo la década de los 60 y de su mano va experimentando los cambios que la sociedad estadounidense -evidentemente hay muchas señas americanas difíciles de entender para un europeo- fue abordando en una década crucial en el siglo XX. La lucha por los derechos civiles o la liberación de una mujer humillada y castigada a vivir como complemento del hombre son temas, sobre todo el segundo, que se integran en la trama como movimiento transformador de las relaciones de los personajes. Y lo que queda por delante. 

En este sentido, un post propio se merecen las interpretaciones femeninas de Mad Men, una serie encumbrada a la figura machista de los publicistas que tiene en tres figuras femeninas (la mujer de Draper, una voluminosa jefa de secretarias y la pazcuata secretaria que se convierte en redactora) tres pilares de su desarrollo y, digamos, que alcanzan el estatus de heroinas por las complicaciones que deben superar en un mundo construido a sus espaldas. Encima, las actrices January Jones, la viva imagen de la belleza principesca e higiénica de Grace Kelly, y Christina Hendricks, una pelirroja cuyas curvas potentes, voz melosa y decisión firme te acercan en sensualidad al mito de Marylin Monroe, son por sí mismas dos poderosas razones para engancharse al visionado de esta serie.  Hendricks ha sido nombrada como la mujer más sexy de América por encima de Megan Fox. Tenéis una foto más arriba de ambas para adorarlas.

Encima la web de la serie entrega un catálogo de cómo hacer cócteles, ya que el alcohol alcanza el estatus de protagonista por su constante consumo, como de cigarillos Lucky Strike, y una guía para convertirse en un mad men.

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~ por sraly en 16 septiembre 2010.

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