La mecha tunecina


Essaouira es un lugar ideal para perderse. A dos horas y media en coche de Marrakech, suele ser una excursión de un día programada por las agencias que realizan circuitos por Marruecos. Meca del surf, antiguo enclave portugués, su muralla, sus bastiones y su laberíntica medina han sido escenario de películas. Su puerto pesquero, con barcazas de azul intenso, recibe toneladas de pescado fresco que los visitantes pueden disfrutar en los tenderetes al aire libre de la plaza principal. La fuerza del turismo ha descubierto un enclave que ha perdido parte de su exotismo hippie ocupado por puestos de venta de souvenirs.

En uno de ellos, hace unos días, regateábamos para adquirir el último recuerdo para la familia. El vendedor insistía en no rebajar el precio y nosotros nos escudábamos en la crisis mundial para rascar algún dirham. En el fragor de la batalla comercial alcanzamos un acuerdo entre risas que invitaron a alargar la conversación en una mezcla entre español, inglés y francés. El diálogo derivó de la crisis al paro, de las profesiones de cada uno a los medios de comunicación y de la actualidad política entre la relación de España y Marruecos. Caminando de puntillas por la línea de lo políticamente correcto, evitando el careo, el tono del tendero se endurece y habla de ‘una cosa que pasó en el desierto’ (el campamento de saharauis en El Aioun) y las mentiras de la ‘prensa española’. Mordiéndome la lengua, cambiamos de tercio cuando nuestro interlocutor sentencia con la siguiente frase: ‘Lo que tenéis que hacer en Europa es leer menos periódicos’.

Hoy leo en el periódico que las protestas populares en Túnez han terminado con el derrocamiento tras casi 30 años de indiferencia internacional de la dictadura ‘electoral’ de Ben Ali. La rebelión comenzó como respuesta a la pobreza y las condiciones de vida y los altos índices de paro entre los jóvenes tunecinos y como respuesta al suicidio de un joven al que le habían confiscado su tenderete de frutas. El mártir tendría 26 años cuando decidió inmolarse en mitad de una calle, más o menos la misma edad que el ‘vendedor’ de Essaouira.

No sé cómo habrá tratado la dócil prensa marroquí el conflicto de su vecino magrebí. Sé como los medios españoles la han tratado, aplaudiendo el derrocamiento y alarmando sobre las consecuencias que puede tener: peligro de islamización del próximo gobierno y la propagación de los tiempos de cambios a países del entorno como Argelia o Egipto. Marruecos no es citado, pese a que la dinastía alauita, como confirman los informes desvelados por Wikileaks, mantiene un férreo control sobre el mando político, religioso y militar de un país que capea la crisis económica por la creciente inversión de multinacionales que aprovechan los bajos salarios y la falta de derechos de sus trabajadores. La progresiva importancia del turismo y la explotación de las materias primas, tanto agrícolas como pesqueras o mineras (los fosfatos de los territorios ocupados del Sáhara), impulsan la economía marroquí pero eso no provoca una redistribución más justa de la riqueza en un sistema azotado por la corrupción de la corte de Mohamed VI.

Por la manía que tenemos en Europa por leer periódico, por agarrarnos a una libertad de prensa que agoniza en todo el mundo por los intereses económicos y está raptada en Marruecos (lean los informes de Reporteros Sin Fronteras), donde ser periodista e independiente, que debería ser lo mismo, tiene riesgo de cárcel, por esa manía de informarnos, nos podemos enterar de esas ‘cosas que pasan en el desierto’. ¿O no tan lejos? La mecha tunecina estalló cuando el país registraba un 14% de paro (oficiosamente). En Marruecos, las últimas cifras hablan de un 9% de desempleados, aunque varios organismos hablan de límites superiores. En España el pocentaje previsto para el 2011 se eleva al 21%. ¿Es suficiente para que alguien salga a la calle o es necesario que alguien se inmole?

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~ por sraly en 15 enero 2011.

Una respuesta to “La mecha tunecina”

  1. Enhorabuena por el artículo, muy didáctico. Un ssaludo

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