El hidalgo de los mares


Pasarse una tarde entera en casa es una experiencia que no vivía desde hace mucho tiempo. Esta afirmación es un salvavidas cuando alguien lleva un par de años en el paro. Pero sucedió. Los planes se vinieron abajo y las citas quedaron anuladas. Delante de mí se concentraron un par de horas vacías que había que rellenar con actividades lo menos intelectuales posibles. Descargar neuronas. No hay nada como la tele para eso. Pero hasta en eso hay límites. Uno no quiere achicharrar su cerebro, solo darle vuelta y vuelta. O comértelo crudo. Así que La 2 fue la solución. Un par de programas modernos, brillantes, uno sobre historia y el otro sobre el caló, el lenguaje de los gitanos, dio paso a una película. ‘El Hidalgo de los Mares’. Una de piratas de cuando los Grandes Estudios dominaban Hollywood. En los créditos ‘clásicos’ de Primera, Raoul Walsh como director con el manual del artesano fílmico y el soso de Gregory Peck y la rubia Virginia Mayo como estrellas. Un fin perfecto a una tarde de sosiego.

En los tiempos que se filmó esa película de aventuras (1951) el cine no era solo puro divertimento, sino que a las claquetas las movían intereses políticos. Era el medio de masas más extendido por todo el mundo y su control por parte de los Estados Unidos, superpotencia superviviente a la destrucción de la Segunda Guerra Mundial, imprimía sobre las pantallas de sus aliados su nuevo estatus universal y afianzaba sus intereses políticos. En ‘El Hidalgo de los mares’ se cuenta la historia de un capitán de la Marina inglesa que sirve en el Pacífico contra España. Año 1808. El marinero se bate con astucia con un navío hispano, el cual captura y entrega a un loco mandatario de Centroamérica que caricaturiza a un Hitler mejicano cuyos subditos visten harapos y cara de asesino. Nada más iniciarse el retorno, otro navío español, con bandera blanca, descubre al capitán la nueva alianza británico-hispana contra Napoleón, invasor de la Península Ibérica.

El cambio de alianza de la película no es casual. Detrás de la máscara histórica se esconde la realidad del Plan Marshall y la necesidad de cicatrizar las viejas heridas de aquel Estado olvidado en la reciente contienda mundial, que no batalló junto a sus aliados fascistas, y que ahora se convierte en ‘amigo’ por razones estratégicas (las bases militares llegarían a España en 1953). Este tipo de guiones dirigidos (los malos terminaban siendo unas caricaturas de mejicanos y un revolucionario despótico, sea Napoleón en la película o Stalin en la realidad) eran tejidos desde instancias elevadas sin ningún ánimo de inocencia y con el objetivo de allanar el camino de la diplomacia alterando la opinión pública.

El cine ha perdido el monopolio de la manipulación política desde los cauces culturales y son los propios medios de comunicación, articulados desde una agenda unitaria a nivel internacional, con la televisión como bastión, e internet los principales canales contemporáneos para esparcir los cambios políticos al pueblo llano del planeta. La soltura con la que hemos pasado de ver a Obama declarando ‘el respeto mutuo y en la eliminación de estereotipos’ en la universidad del Cairo frente a su aliado Hosni Mubarak hace menos de dos años, a los discursos actuales en los que el mandatario de Washington pide la cabeza del ahora ‘dictador’ de Egipto, son idénticas al cambio de rumbo del ‘Hidalgo de los Mares’. La diplomacia mediática pilla la goma de borrar y cambia los libros de estilo según convenga el numerito. Los enemigos de ayer serán hoy nuestros íntimos (tras un pacto comercial o la explotación de su materia prima) y los amigos recientes pasan a ser odiosos si media un conflicto contra nuestros intereses. Un pozo petrolífero o una revuelta popular inesperada (o no) tienen la culpa del corte y pega. En Egipto tenemos el último ejemplo de ductilidad politica con la herramienta de los medios de comunicación que, como en aquel guión de piratas, están escritos desde los despachos de los jefazos.

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~ por sraly en 10 febrero 2011.

Una respuesta to “El hidalgo de los mares”

  1. Acertada y bien explicada similitud.
    Aun espero movilizaciones contra la intervención como pasón con Irak, pero los políticos aprendieron a vender su guerra, tanto que apenas ha habido oposición. Los medios les allanaron el manino y nosotros les pusimos la alfombra.
    Salut

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