Dos formas diferentes de hacer ciudad


Ser de una ciudad y vivir en otra, ser un inmigrante en tu propio país, te da una doble visión de todo. Siempre comparas lo que fue con lo que es. Más si, como mi caso, ambos espacios tienen demasiados lugares comunes. Yo soy de Zaragoza y vivo en Málaga. Son dos urbes con bastantes coincidencias: un tamaño similar (600.000 habitantes), con ansias de crecer, algo acomplejadas por no terminar de ser una gran metrópoli, con un toque provinciano… A esta lista de contrapone una serie de diferencias notables: tan obvios como que una es una ciudad costera y la otra netamente interior, hasta la tópica polaridad Norte/Sur, o económcias como el entramado industrial frente al ladrillo y el turismo, los días de Sol y buen tiempo…

Hace unos meses, a colación del gasto municipal y el déficit de los Ayuntamientos, el Gobierno de Zapatero aireó la clasificación de ciudades más endeudadas del Estado. Zaragoza y Málaga entraban en el podio sólo superadas por Madrid en términos de gasto. Al conocer este dato me entró la curiosidad de saber en qué leches se habían gastado los gobernantes malacitanos el dinero. En Zaragoza, en los últimos años y con el impulso de la Expo, la transformación es visible, así como el gasto: se ha convertido en una ciudad más habitable, con nuevas infraestructuras, nuevos espacios para el bienestar ciudadano, se ha construido un modelo de ciudad más moderno y dirigido al goce de los zaragozanos. En Málaga no encuentro estas señas y sigo sin entender en qué se han gastado la pasta. Me sigue pareciendo una ciudad gris, sin un horizonte próspero y con falta de impulso hacia el futuro.

Pongo como ejemplo el desarrollo del carril bici. Puede parecer algo tonto, pero me parece significativo para encuadrar ambas realidades. En Zaragoza se veía como un estorbo esta cuestión y los políticos municipales accedieron a desenrollar kilómetros de vías para las dos ruedas en zonas poco transitadas como cinturones viales o barrios periféricos. Pero la Expo lo cambio todo. La necesidad de dar una imagen de ciudad sostenible y moderna llevó a alargar los tramos de carril bici y a organizar un sistema de alquiles de bicicletas, como ya existía en Barcelona o Sevilla. El éxito fue tremendo y ahora es habitual ver a ciclistas yendo de un lugar a otro, utilizando este medio de locomoción para ir a trabajar, para trasladarse de un lugar a otro y no como un medio lúdico. Fue una de las mejores herencias de la decepcionante Expo. Ahora los carriles le comen terreno a los coches con el apoyo de la población que ve el beneficio a esta iniciativa. Crece el civismo y bajan los coches por el centro. El cambio parece para bien.

En Málaga el alcalde se ha empecinado en seguir esta línea. Tiene su lógica. Málaga es una ciudad totalmente llana y que cuenta con un clima propicio para ir en bici, para nada comparable con los días de cierzo que sufren los zaragozanos. Sin embargo, el carril bici, que está excluído del centro de la ciudad y está sin completar, con muchos tramos en el aire, es visto por la mayoría de los malagueños como un elemento hostil, una cosa inútil que ha reducido el espacio para aparcar. Es el enemigo. Argumentan que pocos usuarios lo utilizan. Es verdad. Falta promoción. No les falta razón por la mala estructura del trazado y porque en Málaga se sigue viendo la bicicleta como una forma de pasar las horas de fin de semana con los niños y no como un método para ir al trabajo. Y para eso ya hay kilómetros de paseo marítimo. Eso provoca una falta de civismo alarmante para lo que sí utilizamos este servicio. Coches aparcados en el carril, señores y señoras andando sobre él y mosqueándose si pasas cerca de ellas, basura tirada en el recorrido que debes esquivar para no caerte y contínuos comentarios amenazantes hacen que el ciclista se sienta poco querido. La bici es algo malo.

La diferencia es manifiesta. Sé que es un ligero detalle y que el análisis puede caer en la comparación de grandes números, pero también creo que es una forma de transmitir la idea de ciudad que los diferentes gobiernos quieren desarrollar. No digo que el modelo de Zaragoza, que necesito de una Expo especulatoria para avanzar todos los años de retraso que se llevaban por culpa de los propios políticos, sea el mejor, pero sí que se avanza hacia una ciudad para los ciudadanos y no hacia un rumbo indeterminado y en el que, parece, que más valen las estadísticas de cara a las elecciones (fulanico hizo XX kilómetros de carril bici) que el verdadero disfrute de sus habitantes.

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~ por sraly en 20 enero 2011.

Una respuesta to “Dos formas diferentes de hacer ciudad”

  1. Buena reflexión sobre el comportamiento de urbes y politiqueos. En la mia, Tarragona, el carril bici está el el muelle y por la carretera de la playa y en los barrrios pero no hay dentro de la ciudad. Es una baza electoral.
    Salut

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