Muros

•9 Noviembre 2009 • Dejar un comentario

La charla con él fluye con tanta facilidad que hasta las estrellas se asoman en el cielo para compartir su curiosidad en las noches. Es la esencia de la amistad, poder ser libre de la dictadura del reloj y marchar por la vida viviendo. Recuerdo la larga madrugada, en Adeje, en la que me contó cómo pasó esa noche en la que el muro cayó. Vivía en la RFA, en el Oeste, y durante horas se acurrucó cerca de la radio estremecido por la suerte de su hermano mayor, policia en las fronteras de Berlín. ‘Estar preparados para cualquier cosa. Cargar las armas’, me confió la historia de la que poco se enteraron en una cena familiar. Tenían motivos para la felicidad completa. La salud del primogénito, que no tuvo que disparar ninguna bala, y la reunificación de las dos Alemanias. Después desenrolló de la lengua nostalgias de encuentros fortuitos que se dieron en las siguientes semanas. Llevaba en el maletero de su coche botellas de vino o champán que descorchaba cuando hallaba un vecino del Este. Fueron meses de fiesta que fueron tornándose en un desengaño silencioso.

Hoy se celebra el 20 aniversario de la Caída del Muro de Berlín y el mundo se congratula por la efeméride. La pared tan solo es un atractivo turístico más de la capital de Alemania, donde los hay que recuerdan con cariño los tiempos de la RDA y los que suspiran por el retraso económico que conllevó la fusión (y modernización a costa de más impuestos) con el pesado remolque de los antiguos comunistas. La celebración subraya la desaparición de un viejo régimen achacoso, lleno de demencias y un Alzheimer que había devastado sus idealismos de adolescencia por un orden aniquilador de las libertades. Parece que hay que montar una fiesta por su muerte, que dejó vía libre a la expansión globalizada del sistema capitalista, del libre mercado y de las democracias occidentales. Todos esos conceptos juntos nos han llevado en dos décadas al desengaño absoluto, a la crisis financiera, al entierro de los valores, a la unificación de los discursos políticos, a la dictadura del consumismo y la tecnología frente a la decadencia de la tierra, a la precariedad laboral, al crecimiento de las desigualdades, al clasismo más voraz… No hay una segunda vía, solo una extensión absoluta de las desigualdades en todas las direcciones imaginables (de abajo a arriba, del Norte al Sur, del blanco al negro…). No justifico la existencia de un sistema obsoleto y absolutista que se quedó aplastado bajo el Muro de Berlín, condenado a la perdición por su enquistamiento y el de sus gobernantes y que planteaba una realidad unitaria en libertad, derechos y deberes para el hombre basándose en su bondad, el gran error del comunismo, pero sí abomino del mundo en el que vivimos. que no me parece mucho mejor a ese que se los llevaron esos Vientos del Cambio.

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La infamia en Ceuta y Melilla

Ahora celebramos la Caída del Muro, celebramos la pérdida de ese otro mundo, cuando no somos conscientes de que a nuestro alrededor hay miles de muros que nos avergüenzan, muros físicos como el que impide que los inmigrantes africanos crucen la frontera de nuestra riqueza en Ceuta y Melilla, muros de lamentos como con el que los judíos han recrudecido los efecto del holocausto palestino con el beneplácito de la ONU, los muros con los que USA quiere impedir que los mejicanos, hondureños, guatemaltecos o salvadoreños alcancen su sueño americano, ‘the way of life’. O aquel que impide a los hermanos coreanos abrazarse como los alemanes, el que India construye contra Bangladesh por el miedo terrorista o el de nuestro aliado saudita eleva ante el Yemen como el burka que impera dentro de sus fronteras. La bella periodista española Marta del Vado recibió este año el Premio Nuevo Periodismo por su reportaje de radio ‘Los Muros del Mundo’, un trabajo de denuncia y documentación sobre estas barreras físicas que nos separan y que solo son la representación de todos los muros reales que imperan en el mundo: la codicia, la intolerancia, la soberbia, le odio, el racismo, el fanatismo, el clasismo, el miedo… los ladrillos de este muro que nos separa y de los que todos formamos parte.

Gramos

•9 Noviembre 2009 • Dejar un comentario

No hablo de un programa de radio minúsculo que llega a un transistor para sordos, hablo de un fenómeno seguido por millones, de un desayuno a base de ondas que despierta a medio país, un altavoz generalista que doma conciencias y mastica la primera información del día, bien opinada para evitar desvíos ideológicos, para el buen ciudadano y radioyente. Versaba en el guión un reportaje sobre el cultivo del azafrán en el país, un quema minutos entre las señales horarias y otra ración de medicina del partido que patrocina la cadena. El fragmento trataba las zonas en las que se produce la flor, cuál costoso es el trabajo de los agricultores, la cotización en el mercado, los usos en los fogones de cuatro tenedores… un tostón de dimensiones siderales, cuando, al señor periodista, con voz cuarentona, le da por soltar una de esas frases que te hacen frotarte el tímpano de la sorpresa.

“El azafrán, que como todo lo bueno en esta vida, se vende por gramos”

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No hubo recriminación y un alud de voces tapó el comentario con naturalidad y sin histerismos. Nada había pasado. Buena lección periodistica: no des relevancia a algo, encajónalo entre los 40 minutos de deportes y el parte del tiempo y desaparecerá de la conciencia del universo. No sé si el señor periodista se levantó esa mañana con ganas de hacerse el listillo, de repente le entró por la mollera un deja vu de la fantástica noche anterior entre la porcelana del baño de la discoteca, se dejó llevar por el aire progresista y libertino del editorial de la emisora, simplemente no podía soportar el tema del azafrán y quiso echar al guiso otro condimento más efervescente o, lo que yo pensé, quería que le despidiesen y creyó que liarla parda sería una forma efectiva de alcanzar la puerta de salida. O quizá mi mente me ha llevado otra vez a la orilla de la perversión y solo se refería a esos otros placeres maravillosos que se venden por gramos; el chocolate, el jamón serrano, una tapa de gambas de Huelva, la sal de la vida o el alma.

Otro paseo por un psiquiátrico llamado Nueva York

•4 Noviembre 2009 • 1 comentario

Esta semana me he dedicado dos bocados de placer cocinados por el maestro Woody Allen. Saboreé en la intimidad del salón la maestría de Manhattan en versión original y hoy he cenado su última cinta, titulada ’Si la cosa funciona’, con el condimento amargo de la versión horriginal del doblaje: Es penoso que se quiera imitar con tan poca gracia y acierto acentos ajenos como el sureño pueblerino de la bella partener de Larry David.

Ambas cintas lindan como casi todas las que llevan la firma de este productivo director de una pelicula al año. Mil gracias por su esfuerzo para cultivar nuestras mentes y mantener sus ingresos. Quiero resaltar varios puntos coincidentes. Uno brillante como las neuronas del judio psicoanalizado. Hablo del inicio, de los primeros planos de presentación que siguen a los créditos marca de la casa. Uno, el de Manhattan, es sobresaliente por su composición, montaje, un homenaje puro de Nueva York. Y el otro, por el discurso sencillo que presenta al protagonismo y su historia con un contundente guión que azuza contra la naturaleza humana y el existencialismo y el cómico uso del truco de Pirandello de romper el misterio de la pantalla (llevado al éxtasis alleniano en La Rosa Púrpura del Cairo) que se recupera varias veces en el trayecto hasta el The End, usándolo también como epílogo.

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Es de agradecer el retorno de Allen (momentáneo porque retornará a Londres en su próximo film con Antonio Banderas en el casting) a su amada Nueva York. En su periplo europeo solo hay que resaltar Match Point, porque el resto, incluida la ‘española’ Vicky Cristina Barcelona, están en el límite de la comedieta ligera con toques de humor inteligente y paranoico del autor, pero solo toques. Allen nos pasea por ese Nueva York que solo él es capaz de retratar, rincones en forma de restaurantes, galerias de arte, puestos de comida callejera, mercados, avenidas, terrazas en solares, casas llenas de bohemia… un mundo personal y maravilloso en el que consumir una vida.

Es de destacar la actuación de Larry David, que se convierte en el alter ego que mejor ha captado la esencia de Allen y su universo histriónico. Pena no escucharlo con su voz (yo al menos), pero el actor también judio hace suyos los diálogos con una naturalidad asombrosa y se acopla a la perfección a la personalidad enfermiza, psiquiátrica, maniática, soberbia, egocéntrica, parlanchina, perdedora, pedófila… que Allen ha retratado en anteriores cintas en persona y que ahora ha cedido el testigo a un sucesor más que digno. La actuación de David se sazona con otras apariciones que se mezclan en un zoológico de personalidades típicas de las neurosis del director amado en Europa. Hablamos de burgueses e intelectuales de la clase media estadounidense, azotando a las ideologías más conservadoras y dejando títere sin cabeza cuando se refiere a la fe, sea cual sea su Dios. Al ver esta película recuerdas trazos de otras anteriores, todas con toques autobiográficos, está llena de esos tópicos que rechaza el protagonista, (las charlas de amigos en las mesas de un bar, los paseos por los museos, las composiciones sexuales exageradas, las consultas al loquero…) enlazadas en los enredos y amorios de un adulto enrollado con una muchachuela rubio, inexperta sexualmente e incauta (otra coincidencia con Manhattan, aunque con mayoría de edad) y los nudos cómicos que provocan las apariciones de otros personajes y sus interactuaciones. El reiterado universo de Allen que a mí no me asombra, pero tampoco me repite, si no que me relamo en su ingenio hecho diálogo.

Una pega. Hay fallos de racord tremendos en el único diálogo del protagonista con su exmujer al principio del largometraje y luego al final, unos errores que sorprenden por la calidad del montaje que suele seguir a la firma de Allen.

Mi vecino del metro

•3 Noviembre 2009 • 1 comentario

Pensaba que era una leyenda urbana, un chascarrillo de prensa carroñera que le acusaba de tacaño, de no gastarse los durillos con desparrame y opulencias. Decían que José Luis López-Vázquez viajaba en metro y que administraba con mano de hierro el tesoro de una carrera de decenas de películas. Ojalá, pensé, algún día me lo encuentre en la línea celeste bajando a la Puerta del Sol o en la circular yendo a la facultad, en la que fuera, la misma ilusión me haría. Pero para mis adentros no me creía nada. Habladurías.

Maduré la manía de situarme en el mismo punto del andén. Tenía acostumbrado a mi cuerpo a la rutina de entrar primero al vagón y salir al trote, subir y bajar las escaleras corriendo, haciendo algo de ejercicio, razonaba, como si fuera una carrera que solo yo conociera y no soportara quedar segundo. Así que, normalmente, con hora puntual, accedía al mismo vagón y reconocía algún rostro que coincidía con mi calendario diario. Esa mañana, al abrirse las puertas, contemplé que había espacio y un par de asientos libres. Me dispuse a tomar uno de ellos. Al reposar mi culo, comprobé que había aprisionado un trozo de tela. Era el abrigo del vecino del metro. Reaccioné como un resorte y levanté mis posaderas, girando el cuello para escupir unas disculpas aceleradas y desmotivadas. Al enfocar la mirada, comprobé que ese rostro arrugado, de pupilas diminutas sujetadas por unas ojeras profundas y mostacho canoso era un clásico. Era López-Vázquez. No respondió a mi socorrida y descreida lamentación y solo percibí un gesto huraño. Me supo a gloria. Pasé el resto del trayecto con una sonrisa traviesa que se escapaba por la comisura de mis labios, sumergido en ese falso simulacro de desinterés que amuerma a todos los viajeros del metro, pero mirando tontamente el reflejo del cristal de enfrente para certificar que la leyenda urbana era de carne y hueso. Un par de estaciones más tarde, el anciano intérprete se bajó y me dejó ese regusto a que algo grande ha pasado, que el día ya merece la pena.

Este fin de semana Don José Luis López-Vázquez cogió el metro hacia ninguna parte sin saber que se paró hace tiempo en la parada infinita de nuestros recuerdos y nuestra admiración.

Si quereis ver este trozo de Luna de Avellaneda, a partir del 2.50, aparece una emotiva escena de despedida de este pequeño gran actor.

Cerrando ventanas

•27 Octubre 2009 • Dejar un comentario

Esta semana he vivido la despedida de dos medios de comunicación radicalmente opuestos. Se trata de Diario Equipo y soitu.es. El primero era un periódico de temática deportiva de Zaragoza y el segundo un medio digital con aires de protesta y desobediencia, independiente como pocos. Sus caminos y objetivos no pueden ser más discordantes, pero su finiquito tiene el mismo símbolo, el del euro. La falta de fiabilidad de sus sostenes económicos, la denomida crisis, se ha llevado por delante dos estructuras de redacción pequeña, seguramente baratas (más en el caso de soitu al prescindir del papel), pero que han sufrido la devastadora política de reducción de gastos de sus capitalistas.

El caso de Diario Equipo lo conozco más de cerca, aún me quedaban dentro del barco un par de marineros que puedo considerar como amigos, y espero que alguien les haya lanzado un salvahipotecas en mitad del hundimiento. La mayoría eran jovenzuelos con muchas ganas y mínima experiencia, conscientes de su precariedad, pero ilusionados hasta el tuétano por un trabajo que era solo un sueño meses atrás.  Pocos contratos, muchas bajas sin subsanar, exceso de jefes, un ERE con seis dagnificados mientras el propietario no escatimaba en gastos en su fastuosa boda, colaboradores por cuatro perricas  llamando al Escalerillas y, sobre todas las cosas, un grupo editorial sin ganas de invertir en un proyecto con rumbo equivocado (a mi entender), sin los suficientes apoyos en la sociedad aragonesa y predestinado al hoyo empujado por el chascarrillo de todos aquellos que se intuen muy por encima de ellos, sin saber que están sobre la misma escotilla hacia el vacío bajo sus nimios pies.

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Gumersindo Lafuente, director de soitu

BBVA ha cerrado el grifo a soitu, mientras regala despidos insultantes a sus gerifaltes, mofándose de la limosna billonaria suministrada por el eradio público a los vagabundos de la banca. El medio estaba dirigido por Gumersindo Lafuente, ex de El País y El Mundo (empezó la web del diario de Pedro J), al que pude tratar hace unos meses en un encuentro de blogs y escuchar sus principios en un proyecto que conocí entonces. ‘Gumer’ hizo de él un ejemplo para los desengañados lectores de los medios convencionales que buscan en la red. Era una trinchera en la que resguardarse del tiro cruzado del panorama editorial del papel y escarbar una visión menos monocolor, más plural e independiente, cercana y leible, que atienda lo lejano y lo cercano, las grandes preguntas del mundo de la información y los pequeños detalles de la vida cotideana. Soitu logró hacerse con un hueco en el 2.0 sin enarbolar una bandera concreta y conseguir adeptos o adictos a su causa, convencer, gustar, ser veraz o transmitir esa sensación.

Ambos medios cierran, tan diferentes y tan iguales. Otros lo hicieron antes. Más llegarán. La excusa de la crisis se los lleva por delante. Decenas de trabajadores se quedan en la calle y miles de lectores ven como se oscurece el mundo al otro lado de esa ventana por la que ahora no podrán cuchichear. Una lástima. Otra decepción. Otra derrota de la democracia. Otra victoria del capitalismo.

La chica de mi clase

•26 Octubre 2009 • 2 comentarios

Fue inevitable fijarse en ella. Era la nueva. La cara que no encajaba en el puzzle del jaleo del primer día en el instituto. Cuando cruzó la puerta mi mirada se depositó sobre ella de forma natural y obligada por su belleza. Me colapsó al primer instante. No me la pude sacar de la cabeza en los meses siguientes, sentada en su taburete garabateando su pupitre, sonriendo en mitad de la lección, cuchicheando con sus amigas en los recreos, dejándome engañar con su sutil indiferencia a mi vigilancia. Intenté acercarme a ella sin que el resto de los compañeros notaran nada extraño. Poco a poco nos fuimos acercando, escalando la barrera que separa a los desconocidos, encontrando lugares comunes donde la charla se hacía amena y divertida, encontrando el roce cómplice de nuestras manos en un accidente rebuscado. Congeniábamos. Un día nos atrevimos a quedar fuera de las aulas con la excusa de corregir unos ejercicios. Ambos tejimos mentiras en casa para justificar la ausencia por un encuentro furtivo que certificó nuestro amor con un profundo beso. No me la podía quitar de la mente ni del corazón, de mi piel, de mis labios, de mi deseo. Los días fueron pasando en el secreto de un amor que manteníamos encerrado con la llave del pudor y el sueño de escapar hacia abrazos desnudos.

Cuando llegó el momento de conocer a su padre me temblaban las piernas. Estrechó mi pálida mano e intenté domar mi garganta temblorosa en el saludo. No tardó en freirme a preguntas. Fue directo a lo que quería saber.

–¿Piensa que Carolina tendrá la nota suficiente para entrar en medicina, profesor Matías? ¿Cree que podrá entrar en la universidad?

–No se preocupe, su hija es muy inteligente, sabe lo que le gusta, acerté a contestar.

Don Alejandro, la coca es mía

•24 Octubre 2009 • 4 comentarios

Sé que esta historia solo va a rozar la sensibilidad de aquellos que comparten mi gusto por la mitomanía y que puede sonar a una auténtica estupidez a todos los que vivan en sentimientos ajenos a esta admiración.

Estaba yo a la vera de un partido de baloncesto, en primera fila, sentado en esas banquetas de plastico blanco piscinero tan socorridas para una cena de verano como para sentar a la prensa en un acto deportivo, cuando noté la presencia de una figura desgarbada, poca cosica que dirían en el pueblo, doblándose a mi espalda. Me volví y el corazón me pegó un brinco. A mi chepa se ubicaba Don Alejandro, Aíto García Reneses, el mejor entrenador español de las últimas décadas (no digo el mejor de todos los tiempos por respeto a Díaz Miguel y Ferrandiz). Como buen mitómano, estar cerca de una de las personas más admirables en este mundillo que es mi afición, sentir cercana su humanidad alejada de la iconografía de mis recuerdos, aceleró mi ritmo cardiaco y, rápidamente, ordené al cuerpo actuar con estricta naturalidad, no alargar el sobresalto con el ridículo. Evidentemente seguí el partido con un ojo puesto en la pista y otro girado con cautela hacia la posición trasera de Aíto. Afinaba el tímpano como rádar que detectara sus comentarios y percibir parte de su sabiduría. 

Llegó el descanso y no quise caer en la tentación, en la bajeza, de solicitarle como buen lacayo una foto con el señor. Tenía mi dignidad o eso quería hacer pensar, aunque me moría de las ganas como un chiquillo. Tomé el camino de los toriles, en este caso, una habitación habilitada para el consumo gratuito de bebidas y pinchitos. En mi trayecto observo que Aíto está algo adelantado, le sigo como tal cosa, y llegó al avituallamiento. Al girarme a la mesa de bebidas alargo la mano para tomar una coca cola y mi brazo se cruza con el de otro sediento. ‘Uy, perdona, cógela tú’, me responde mi competidor con un acento catalanizado. Alzo el cuello como una tortuga para mirarlo y atestiguó que el tono de voz congenia con la cara que esperaba. Era Aíto. Le mangué la cafeina. Que falta de respeto.

Imprescindible

•22 Octubre 2009 • 3 comentarios

Solo somos imprescindibles cuando habitamos en un corazón amado

Sentencia del caso Palomino

•19 Octubre 2009 • 2 comentarios

Reitero. Después de conocerse la condena a Josué Estébanez por el homicidio de Carlos Palomino y considerarse el agravante de discriminación ideológica, pregunto ¿para cuándo la ilegalización de Democracia Nacional y todos los partidos y asociaciones que han apoyado y justificado la acción de Estébanez? ¿Cuándo se ejecutará la Ley de Partidos sin condicionantes electorales? ¿Cuándo se tratará a todo el terrorismo, de izquierdas o derechas, de cualquier nacionalismo sin importar la bandera, de la misma forma? ¿Cuándo se ilegalizarán actos como el de DN en Barcelona el pasado 12 de octubre en Montjuïc que claramente son una incitación? ¿Hasta cuándo daremos cabida al fascismo en esta democracia?

¿Elecciones? en Guinea Ecuatorial

•16 Octubre 2009 • Dejar un comentario

Me levanto con la desagradable noticia de que gobierno del dictador Teodoro Obiang Nguema ha dicidido convocar elecciones para el próximo mes de noviembre como le obliga ’su’ ley tras siete años de mandato. Lo que podría ser una fabulosa información en un país, Guinea Ecuatorial, mandado por una oligarquía corrupta durante las últimas tres décadas después de alzarse al poder con un golpe militar contras su propio tío, no me resulta más que un mero artificio de engaño, una maniobra mentirosa para justificar cierta apertura ante la comunidad internacional. En los últimos plebiscitos, Obiang obtuvo el 99% de los votos y, la oposición, perdió uno de los dos escaños que mantenía en un ficticio gobierno. Los congresistas españoles que acudieron a vigilar esos comicios aplaudieron “los avances democráticos” que se dieron en unas elecciones en las que la violencia, los censos opacos y el voto patriótico (enseñar la papeleta) son la regla.

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Obiang y Moratinos, sonriente

La riqueza originada por los pozos petrolíferos encontrados en sus aguas territoriales ha propiciado el interés de los paises europeos por hacer amistades con Obiang. Hace solo dos meses y medio una delegación española, encabezada por el Ministro de Asuntos Exteriores Miguel Ángel Moratinos, y en la que figuraba Manuel Fraga, ministro franquista que firmó la independencia de la entonces colonia española, viajó a entrevistarse con Obiang para mantener lazos comerciales manchados por el negro del petróleo y pedirle un poquito, por favor, de mejoras democráticas. Las palabras se las lleva el viento. El gasoil manda, amigos. En la visita se miró hacia otro lado el informe de Human Right Watch que sentenciaba el estado de Guinea Ecuatorial por su máxima corrupción y el desamparo ante la pobreza (las muertes infantiles han crecido en la última década y el nivel de pobreza es paralelo al de Sudán, por poner dos ejemplos) en la que vive este minúsculo país de medio millón de habitantes. Mientras Obiang y sus lugartenientes blanquean dinero en bancos internacionales y adquieren grandes mansiones en Estados Unidos y también en diferentes puntos de nuestro territorio (Madrid, las Canarias o Asturias) como han denunciado activistas por los derechos humanos de España.

Ante este panorama, la convocatoria de elecciones no puede ser más que tachada como una absoluta farse debido a que gran parte de la oposición democrática, encabezada por Severo Moto, ha tenido que exiliarse a la fuerza por motivos evidentes (torturas, persecución, falta de libertades absolutas…), mientras los intereses petrolíferos de las metrópolis europeas resbalan ante una realidad vergonzosa y que justificaría una acción contundente. ¿Dónde está Obama? ¿Dónde está Zapatero? Con Guinea, no, seguro. Es demasiado pequeño y hay mucho petróleo. ¿A alguien le importa?