Lo bueno del capitalismo es que no hace discriminaciones entre los parias. Los que mueven los hilos se adhieren al negocio que les interesa sin mirar su color y detestan al que les arruina sus planes con igual de desinterés por sus raices. El alud de la crisis de los medios de comunicación se ha llevado por delante a Zero, la revista de temática homosexual que mayor difución había adquirido en España, gracias sobre todo a sus populares (por lo de Galalrdón´popular al cuadrado) portadas, que sirvió para que muchos de los personajes públicos y privados con profesiones (políticos, curas, militares, , directores de cine, televisivos, jueces…) puramente hetero, saliesen del armario. A Zero le van a echar el candado las flaquezas económicas. Antes, cuando era un buen negocio, sirvió como frente para romper las barreras de la intolerancia hacia los temas sexuales, hoy en día, la punta de lanza de la lucha de los derechos civiles. Tanto en Estados Unidos como en España, con el ascenso de gobiernos con tintes políticos, la realidad de este colectivo (que vota y tiene un activismo muy reforzado) ha sufrido mejoras como la legalización de los matrimonios, obtenidas en otros estados a cuentagotas. Pero sin duda hay muchas costras en la sociedad que impiden la adquisición total de derechos (hablo de adopciones, derechos de herencia, acceso a todas las profesiones…) que merecen las personas de toda índole, sin ser purgadas por una cuestión, sea sexual, racial, religiosa, ideológica… Zero apoyó desde sus páginas no solo al colectivo gay, si no también a otras ‘minorías’ (minorias con respecto a qué, he ahí la clave), lo que la alaba. Echaremos de menos esta ventana a una verdad que los infelices no quieren observar y comprobar como algo más de este universo. Algo más, tan diferente como todo, tan humano como todo.
El policía y la minifalda (II)
•13 Noviembre 2009 • 5 comentariosEn un arduo trabajo periodístico de altísima calidad, rastreando fuentes de diverso pellejo, profundizando en la información hasta alcanzar una fosa aséptica, llegando a límites anales desconocidos de peloteo, puertabierta se ha hecho con el catálogo de prendas dignas que el señor Policía mandó a las cooperativas del taxi malagueño para instaurar un códido de vestimenta como Dios manda y para que no tenga que multar por tercera vez a esa atrevida mal mujer que osa a utilizar minifaldas tejidas por el propio Lucifer para su lupanar de infieles y guarros.
Modelo 1: LA LEGIONARIA

Mariquita legionaria
¡Ay, qué tiempo aquellos! ¡Qué bien nos los pasábamos aquellos veranos en Melilla! La camaradería en el cuartel, el rancho, la instrucción matinal, el toque de corneta, el aroma del kifi, las rutitas por el Rif, las putas como Dios manda, el güisqui en la cantina mientras veíamos a la selección, las palizas a los moros, cantando el ‘Soy el novio de la muerte’, el beso a la bandera aguilada, la de verdad, coño, los juegos del cabo Armando en las duchas… tantos recuerdos de mis años mozos de legionario. Ahora se han amariconado y han dejado que alguna mujerzuela se cuele entre las inmaculadas filas de machotes con el elástico de la gorrita cercenando el mentón. Bueno, al menos nos queda ese uniforme guerrero y marcial, que con un par de apaños (sin excluir la cabeza cortada del negro intercambiable con el morito y la gitana, que da rectitud), serviría perfectamente para llevar a los ingleses a Torremolinos a comer pescadito. Aunque en todos los lugares las alargadas garras del infierno han llevado la lujuria (a esta descarriada atea me refiero), yo todavía cuento con fervor cristiano los días que falta para ver a la cuadrilla elevar el Cristo Cautivo a los cielos de mi querida Málaga.
Modelo 2: EL BURKA

Con burka y a lo loco
En mis tiempos de legionario constate que los moros se lo montaban muy bien. ¿Qué es eso de que la mujer trabaje fuera de casa? Qué desfachatez. Los musulmanes, pese a su impura religión, lo tienen todo mucho mejor atado. La mujer en casa y con los niños y si trabaja, pues a traer sacos de contrabando en la espalda, como mulos. Y cuando vayas por la calle que caminen unos metros detrás de tí y que no miren a los ojos ni a Dios, que se enteran. Y se acabó de feminismos de rojos. Eso es lo que llamas democracia. Además ese vestir es de lo más digno. El burka ese, eso sí que es un invento, no dejar enseñar nada que las mentes están muy calenturientas y que la mujer es de uno y no para el disfrute de todos. Y para conducir, ideal. Sin distracciones y con el ancho de visión restringido para no maquillarse en el retrovisor.
Modelo 3: EL CAPIROTE

Una boda bien empinada
Estos americanos nunca me cayeron bien del todo, pero admiro sus cojones para enfrentarse de cara al mundo. Son una potencia mundial, eso no lo dudo, pero se les está yendo de las manos eso de las libertades, que hasta los negros se les han subido a la chepa y a la Casa Blanca. Porque ¿no es blanca? Blanca, blanquísima, es la vestimenta del Ku Kux Klan. Eso sí que son valores. De los de verdad. Cómo hecho de menos esa rectitud de las formas, esos cirios humenates, esos capirotes empinados, esas túnicas impolutas… Me recuerdan tanto a la Semana Santa que me emociono. Pues así, haciendo patria, pondría yo a la gentuza esa que se pone minifalda. Bien cubierta y de blanco virginal.
Modelo 4: NAZI

Qué majas están, oye
Siempre me fueron los uniformes. Es una pena que ya no se vean tanto en la televisión, a la hora del parte. Y no me digan que a estas chicas alemanas no les sienta como un guante el cuero y la fusta. Eso es lo que yo quiero, gente de bien con ganas de cambiar las cosas de una forma pacífica. Ellas tan solemnes vestidas de negro y con su gorrita y su esvástica bien plantada, que se vea, que no hay que avergonzarse de las ideologías que tanto lustre dieron a la patria. Y no como esa mujerzuela que se planta en la calle como una cualquiera a pasear a los extranjeros por nuestras reputadas calles con esas vestimentas del diablo. ¿Se imaginan que gozo se llevarían los alemanes si al llegar a nuestras tierras contemplaran la belleza de un atuendo del III Reich?
Modelo 5: LA MANTILLA

La caudillisima Carmen Polo entrando en El Pilar
No me malinterpreten, que dond eeste una buena mujer española, que se quiten las germanas, las suecas y otras razas bárbaras. Esa tez morena, esos ojos negros, ese saber estar, ese porte decente, esa castidad digna, esa actitud católica… Eso sí que es una hembra. Con su mantilla oscura, de luto por la muerte de Nuestro Señor. Y Carmen Polo el máximo exponente de esta lealtad por su hombre, su aliada silenciosa y esclava, beata, sumisa, madre ejemplar. Es que tendrían que clonarla y que todas fueran como ella. ¿No quiere ir esta majadera de negro? Pues que se ponga mantilla y un collar de perlas.
Nota del autor: Lo sentimos sufrido lector, pero este ilustre catálogo es solo una sátira. En puertabierta no nos hemos vuelto locos (porqué uso el plural mayestático) y no practicamos el buen periodismo que eso se lo dejamos a… bueno alguien habrá. Ah sí, Gervasio Sánchez. En fin que por estos parajes de la globosfera y el 2.0 solo pretendo sacarle algo de punta a las informaciones que nos ilustran de un mundo rancio y hueco que huele a nactalina y por el que dan ganas de sobrepasar el umbral de este infierno y huir hacia un universo infinito y limpio de arcaismos.
El policía y la minifalda
•12 Noviembre 2009 • Dejar un comentarioUno de los castigos de la pobreza es el transporte público. Antes no tomaba el autobús ni muerto. Qué desfachatez para un señor como yo. Que me lleven al punto exacto y rapidito, que paga el jefe. Eso de hacer cola a que llegue el 36 y luego estar oliendo la sobaquera del vecino y soportar las pataditas del impertinente niño al que la madre no hace ni caso porque está preocupada en que no se le caigan las siete bolsas del Carrefur, eso no va conmigo, por favor. Por no hablar de esos niñatos que hacen temblarte de rabia con el politono cargado con el rigitón a todo trapo. Evitaba esas penurias levantando el brazo y diciéndole a mi chófer en alquiler que me acercara al Cascajo. No es que fuera un viaje relajante, un spa con ruedas. Si el maromo se enteraba de su puesto de curro te soltaba la retahíla de quejas del gremio de la banderita por un artículo de no se quien. ‘Yo soy de deportes’, esgrimía como defensa. Pero nada oye. La Cope a todo meter, que no sé si eso es mejor que el politono de ‘Mami dámelo todo, corasón’ perforándome la oreja.
Ahora no tengo remedio. El taxi ni lo huelo, que es muy caro. Salvo urgencia. O solidaridad feminista. Lo digo por una noticia que me he desayunado hoy en el diario Sur, que no es que sea el Pravda. Resulta que a una señora taxista le han multado en dos ocasiones por ir con falda a trabajar, vestimenta que un policia (digo uno porque fue el mismo señor del pito el que le tocó dos veces la matrícula) califica de indecorosa y contraria a lo que apunta el código del taxista. Qué huevos tiene el señor agente, ahí de cara, enfrentándose con los problemas mundiales, con gallardía y valentía, como tiene que ser. Seguro que luego dejo la motoreta y se lió a estamparle el mazo en la cabeza al bombo de su cofradía o a ir de cazería con el señorito de su pueblo. Eso si que es un hombre, un salvador de la sociedad de derecho, de pelo empecho y curo y carajillo en la sobremesa (o en el desayuno, para ir a tono al curro, jodé). Humillante, por no pronunciar adjetivos más contundentes, resulta que a un policia le dé por ir contra una mujer por su aspecto y no se encargue de problemas mayores (por ejemplo el intrusismo en el propio gremio del taxi). Espero que alguna asociación o algún responsable haga algo al respecto (anular o reescribir esa ordenanza sería un comienzo lleno de lógica) y este señor sea reprendido para dar ejemplo, porque luego nos lamentamos de los asesinatos machistas cuando consentimos agravios contra la igualdad de los sexos de individuos que deberían estar para otras cosas, que para eso les pagamos, señores.
Muros
•9 Noviembre 2009 • 2 comentariosLa charla con él fluye con tanta facilidad que hasta las estrellas se asoman en el cielo para compartir su curiosidad en las noches. Es la esencia de la amistad, poder ser libre de la dictadura del reloj y marchar por la vida viviendo. Recuerdo la larga madrugada, en Adeje, en la que me contó cómo pasó esa noche en la que el muro cayó. Vivía en la RFA, en el Oeste, y durante horas se acurrucó cerca de la radio estremecido por la suerte de su hermano mayor, policia en las fronteras de Berlín. ‘Estar preparados para cualquier cosa. Cargar las armas’, me confió la historia de la que poco se enteraron en una cena familiar. Tenían motivos para la felicidad completa. La salud del primogénito, que no tuvo que disparar ninguna bala, y la reunificación de las dos Alemanias. Después desenrolló de la lengua nostalgias de encuentros fortuitos que se dieron en las siguientes semanas. Llevaba en el maletero de su coche botellas de vino o champán que descorchaba cuando hallaba un vecino del Este. Fueron meses de fiesta que fueron tornándose en un desengaño silencioso.
Hoy se celebra el 20 aniversario de la Caída del Muro de Berlín y el mundo se congratula por la efeméride. La pared tan solo es un atractivo turístico más de la capital de Alemania, donde los hay que recuerdan con cariño los tiempos de la RDA y los que suspiran por el retraso económico que conllevó la fusión (y modernización a costa de más impuestos) con el pesado remolque de los antiguos comunistas. La celebración subraya la desaparición de un viejo régimen achacoso, lleno de demencias y un Alzheimer que había devastado sus idealismos de adolescencia por un orden aniquilador de las libertades. Parece que hay que montar una fiesta por su muerte, que dejó vía libre a la expansión globalizada del sistema capitalista, del libre mercado y de las democracias occidentales. Todos esos conceptos juntos nos han llevado en dos décadas al desengaño absoluto, a la crisis financiera, al entierro de los valores, a la unificación de los discursos políticos, a la dictadura del consumismo y la tecnología frente a la decadencia de la tierra, a la precariedad laboral, al crecimiento de las desigualdades, al clasismo más voraz… No hay una segunda vía, solo una extensión absoluta de las desigualdades en todas las direcciones imaginables (de abajo a arriba, del Norte al Sur, del blanco al negro…). No justifico la existencia de un sistema obsoleto y absolutista que se quedó aplastado bajo el Muro de Berlín, condenado a la perdición por su enquistamiento y el de sus gobernantes y que planteaba una realidad unitaria en libertad, derechos y deberes para el hombre basándose en su bondad, el gran error del comunismo, pero sí abomino del mundo en el que vivimos. que no me parece mucho mejor a ese que se los llevaron esos Vientos del Cambio.

La infamia en Ceuta y Melilla
Ahora celebramos la Caída del Muro, celebramos la pérdida de ese otro mundo, cuando no somos conscientes de que a nuestro alrededor hay miles de muros que nos avergüenzan, muros físicos como el que impide que los inmigrantes africanos crucen la frontera de nuestra riqueza en Ceuta y Melilla, muros de lamentos como con el que los judíos han recrudecido los efecto del holocausto palestino con el beneplácito de la ONU, los muros con los que USA quiere impedir que los mejicanos, hondureños, guatemaltecos o salvadoreños alcancen su sueño americano, ‘the way of life’. O aquel que impide a los hermanos coreanos abrazarse como los alemanes, el que India construye contra Bangladesh por el miedo terrorista o el de nuestro aliado saudita eleva ante el Yemen como el burka que impera dentro de sus fronteras. La bella periodista española Marta del Vado recibió este año el Premio Nuevo Periodismo por su reportaje de radio ‘Los Muros del Mundo’, un trabajo de denuncia y documentación sobre estas barreras físicas que nos separan y que solo son la representación de todos los muros reales que imperan en el mundo: la codicia, la intolerancia, la soberbia, le odio, el racismo, el fanatismo, el clasismo, el miedo… los ladrillos de este muro que nos separa y de los que todos formamos parte.
Gramos
•9 Noviembre 2009 • 2 comentariosNo hablo de un programa de radio minúsculo que llega a un transistor para sordos, hablo de un fenómeno seguido por millones, de un desayuno a base de ondas que despierta a medio país, un altavoz generalista que doma conciencias y mastica la primera información del día, bien opinada para evitar desvíos ideológicos, para el buen ciudadano y radioyente. Versaba en el guión un reportaje sobre el cultivo del azafrán en el país, un quema minutos entre las señales horarias y otra ración de medicina del partido que patrocina la cadena. El fragmento trataba las zonas en las que se produce la flor, cuál costoso es el trabajo de los agricultores, la cotización en el mercado, los usos en los fogones de cuatro tenedores… un tostón de dimensiones siderales, cuando, al señor periodista, con voz cuarentona, le da por soltar una de esas frases que te hacen frotarte el tímpano de la sorpresa.
“El azafrán, que como todo lo bueno en esta vida, se vende por gramos”
No hubo recriminación y un alud de voces tapó el comentario con naturalidad y sin histerismos. Nada había pasado. Buena lección periodistica: no des relevancia a algo, encajónalo entre los 40 minutos de deportes y el parte del tiempo y desaparecerá de la conciencia del universo. No sé si el señor periodista se levantó esa mañana con ganas de hacerse el listillo, de repente le entró por la mollera un deja vu de la fantástica noche anterior entre la porcelana del baño de la discoteca, se dejó llevar por el aire progresista y libertino del editorial de la emisora, simplemente no podía soportar el tema del azafrán y quiso echar al guiso otro condimento más efervescente o, lo que yo pensé, quería que le despidiesen y creyó que liarla parda sería una forma efectiva de alcanzar la puerta de salida. O quizá mi mente me ha llevado otra vez a la orilla de la perversión y solo se refería a esos otros placeres maravillosos que se venden por gramos; el chocolate, el jamón serrano, una tapa de gambas de Huelva, la sal de la vida o el alma.
Otro paseo por un psiquiátrico llamado Nueva York
•4 Noviembre 2009 • 1 comentarioEsta semana me he dedicado dos bocados de placer cocinados por el maestro Woody Allen. Saboreé en la intimidad del salón la maestría de Manhattan en versión original y hoy he cenado su última cinta, titulada ’Si la cosa funciona’, con el condimento amargo de la versión horriginal del doblaje: Es penoso que se quiera imitar con tan poca gracia y acierto acentos ajenos como el sureño pueblerino de la bella partener de Larry David.
Ambas cintas lindan como casi todas las que llevan la firma de este productivo director de una pelicula al año. Mil gracias por su esfuerzo para cultivar nuestras mentes y mantener sus ingresos. Quiero resaltar varios puntos coincidentes. Uno brillante como las neuronas del judio psicoanalizado. Hablo del inicio, de los primeros planos de presentación que siguen a los créditos marca de la casa. Uno, el de Manhattan, es sobresaliente por su composición, montaje, un homenaje puro de Nueva York. Y el otro, por el discurso sencillo que presenta al protagonismo y su historia con un contundente guión que azuza contra la naturaleza humana y el existencialismo y el cómico uso del truco de Pirandello de romper el misterio de la pantalla (llevado al éxtasis alleniano en La Rosa Púrpura del Cairo) que se recupera varias veces en el trayecto hasta el The End, usándolo también como epílogo.

Es de agradecer el retorno de Allen (momentáneo porque retornará a Londres en su próximo film con Antonio Banderas en el casting) a su amada Nueva York. En su periplo europeo solo hay que resaltar Match Point, porque el resto, incluida la ‘española’ Vicky Cristina Barcelona, están en el límite de la comedieta ligera con toques de humor inteligente y paranoico del autor, pero solo toques. Allen nos pasea por ese Nueva York que solo él es capaz de retratar, rincones en forma de restaurantes, galerias de arte, puestos de comida callejera, mercados, avenidas, terrazas en solares, casas llenas de bohemia… un mundo personal y maravilloso en el que consumir una vida.
Es de destacar la actuación de Larry David, que se convierte en el alter ego que mejor ha captado la esencia de Allen y su universo histriónico. Pena no escucharlo con su voz (yo al menos), pero el actor también judio hace suyos los diálogos con una naturalidad asombrosa y se acopla a la perfección a la personalidad enfermiza, psiquiátrica, maniática, soberbia, egocéntrica, parlanchina, perdedora, pedófila… que Allen ha retratado en anteriores cintas en persona y que ahora ha cedido el testigo a un sucesor más que digno. La actuación de David se sazona con otras apariciones que se mezclan en un zoológico de personalidades típicas de las neurosis del director amado en Europa. Hablamos de burgueses e intelectuales de la clase media estadounidense, azotando a las ideologías más conservadoras y dejando títere sin cabeza cuando se refiere a la fe, sea cual sea su Dios. Al ver esta película recuerdas trazos de otras anteriores, todas con toques autobiográficos, está llena de esos tópicos que rechaza el protagonista, (las charlas de amigos en las mesas de un bar, los paseos por los museos, las composiciones sexuales exageradas, las consultas al loquero…) enlazadas en los enredos y amorios de un adulto enrollado con una muchachuela rubio, inexperta sexualmente e incauta (otra coincidencia con Manhattan, aunque con mayoría de edad) y los nudos cómicos que provocan las apariciones de otros personajes y sus interactuaciones. El reiterado universo de Allen que a mí no me asombra, pero tampoco me repite, si no que me relamo en su ingenio hecho diálogo.
Una pega. Hay fallos de racord tremendos en el único diálogo del protagonista con su exmujer al principio del largometraje y luego al final, unos errores que sorprenden por la calidad del montaje que suele seguir a la firma de Allen.
Mi vecino del metro
•3 Noviembre 2009 • 1 comentarioPensaba que era una leyenda urbana, un chascarrillo de prensa carroñera que le acusaba de tacaño, de no gastarse los durillos con desparrame y opulencias. Decían que José Luis López-Vázquez viajaba en metro y que administraba con mano de hierro el tesoro de una carrera de decenas de películas. Ojalá, pensé, algún día me lo encuentre en la línea celeste bajando a la Puerta del Sol o en la circular yendo a la facultad, en la que fuera, la misma ilusión me haría. Pero para mis adentros no me creía nada. Habladurías.
Maduré la manía de situarme en el mismo punto del andén. Tenía acostumbrado a mi cuerpo a la rutina de entrar primero al vagón y salir al trote, subir y bajar las escaleras corriendo, haciendo algo de ejercicio, razonaba, como si fuera una carrera que solo yo conociera y no soportara quedar segundo. Así que, normalmente, con hora puntual, accedía al mismo vagón y reconocía algún rostro que coincidía con mi calendario diario. Esa mañana, al abrirse las puertas, contemplé que había espacio y un par de asientos libres. Me dispuse a tomar uno de ellos. Al reposar mi culo, comprobé que había aprisionado un trozo de tela. Era el abrigo del vecino del metro. Reaccioné como un resorte y levanté mis posaderas, girando el cuello para escupir unas disculpas aceleradas y desmotivadas. Al enfocar la mirada, comprobé que ese rostro arrugado, de pupilas diminutas sujetadas por unas ojeras profundas y mostacho canoso era un clásico. Era López-Vázquez. No respondió a mi socorrida y descreida lamentación y solo percibí un gesto huraño. Me supo a gloria. Pasé el resto del trayecto con una sonrisa traviesa que se escapaba por la comisura de mis labios, sumergido en ese falso simulacro de desinterés que amuerma a todos los viajeros del metro, pero mirando tontamente el reflejo del cristal de enfrente para certificar que la leyenda urbana era de carne y hueso. Un par de estaciones más tarde, el anciano intérprete se bajó y me dejó ese regusto a que algo grande ha pasado, que el día ya merece la pena.
Este fin de semana Don José Luis López-Vázquez cogió el metro hacia ninguna parte sin saber que se paró hace tiempo en la parada infinita de nuestros recuerdos y nuestra admiración.
Si quereis ver este trozo de Luna de Avellaneda, a partir del 2.50, aparece una emotiva escena de despedida de este pequeño gran actor.
Cerrando ventanas
•27 Octubre 2009 • Dejar un comentarioEsta semana he vivido la despedida de dos medios de comunicación radicalmente opuestos. Se trata de Diario Equipo y soitu.es. El primero era un periódico de temática deportiva de Zaragoza y el segundo un medio digital con aires de protesta y desobediencia, independiente como pocos. Sus caminos y objetivos no pueden ser más discordantes, pero su finiquito tiene el mismo símbolo, el del euro. La falta de fiabilidad de sus sostenes económicos, la denomida crisis, se ha llevado por delante dos estructuras de redacción pequeña, seguramente baratas (más en el caso de soitu al prescindir del papel), pero que han sufrido la devastadora política de reducción de gastos de sus capitalistas.
El caso de Diario Equipo lo conozco más de cerca, aún me quedaban dentro del barco un par de marineros que puedo considerar como amigos, y espero que alguien les haya lanzado un salvahipotecas en mitad del hundimiento. La mayoría eran jovenzuelos con muchas ganas y mínima experiencia, conscientes de su precariedad, pero ilusionados hasta el tuétano por un trabajo que era solo un sueño meses atrás. Pocos contratos, muchas bajas sin subsanar, exceso de jefes, un ERE con seis dagnificados mientras el propietario no escatimaba en gastos en su fastuosa boda, colaboradores por cuatro perricas llamando al Escalerillas y, sobre todas las cosas, un grupo editorial sin ganas de invertir en un proyecto con rumbo equivocado (a mi entender), sin los suficientes apoyos en la sociedad aragonesa y predestinado al hoyo empujado por el chascarrillo de todos aquellos que se intuen muy por encima de ellos, sin saber que están sobre la misma escotilla hacia el vacío bajo sus nimios pies.

Gumersindo Lafuente, director de soitu
BBVA ha cerrado el grifo a soitu, mientras regala despidos insultantes a sus gerifaltes, mofándose de la limosna billonaria suministrada por el eradio público a los vagabundos de la banca. El medio estaba dirigido por Gumersindo Lafuente, ex de El País y El Mundo (empezó la web del diario de Pedro J), al que pude tratar hace unos meses en un encuentro de blogs y escuchar sus principios en un proyecto que conocí entonces. ‘Gumer’ hizo de él un ejemplo para los desengañados lectores de los medios convencionales que buscan en la red. Era una trinchera en la que resguardarse del tiro cruzado del panorama editorial del papel y escarbar una visión menos monocolor, más plural e independiente, cercana y leible, que atienda lo lejano y lo cercano, las grandes preguntas del mundo de la información y los pequeños detalles de la vida cotideana. Soitu logró hacerse con un hueco en el 2.0 sin enarbolar una bandera concreta y conseguir adeptos o adictos a su causa, convencer, gustar, ser veraz o transmitir esa sensación.
Ambos medios cierran, tan diferentes y tan iguales. Otros lo hicieron antes. Más llegarán. La excusa de la crisis se los lleva por delante. Decenas de trabajadores se quedan en la calle y miles de lectores ven como se oscurece el mundo al otro lado de esa ventana por la que ahora no podrán cuchichear. Una lástima. Otra decepción. Otra derrota de la democracia. Otra victoria del capitalismo.
La chica de mi clase
•26 Octubre 2009 • 2 comentariosFue inevitable fijarse en ella. Era la nueva. La cara que no encajaba en el puzzle del jaleo del primer día en el instituto. Cuando cruzó la puerta mi mirada se depositó sobre ella de forma natural y obligada por su belleza. Me colapsó al primer instante. No me la pude sacar de la cabeza en los meses siguientes, sentada en su taburete garabateando su pupitre, sonriendo en mitad de la lección, cuchicheando con sus amigas en los recreos, dejándome engañar con su sutil indiferencia a mi vigilancia. Intenté acercarme a ella sin que el resto de los compañeros notaran nada extraño. Poco a poco nos fuimos acercando, escalando la barrera que separa a los desconocidos, encontrando lugares comunes donde la charla se hacía amena y divertida, encontrando el roce cómplice de nuestras manos en un accidente rebuscado. Congeniábamos. Un día nos atrevimos a quedar fuera de las aulas con la excusa de corregir unos ejercicios. Ambos tejimos mentiras en casa para justificar la ausencia por un encuentro furtivo que certificó nuestro amor con un profundo beso. No me la podía quitar de la mente ni del corazón, de mi piel, de mis labios, de mi deseo. Los días fueron pasando en el secreto de un amor que manteníamos encerrado con la llave del pudor y el sueño de escapar hacia abrazos desnudos.
Cuando llegó el momento de conocer a su padre me temblaban las piernas. Estrechó mi pálida mano e intenté domar mi garganta temblorosa en el saludo. No tardó en freirme a preguntas. Fue directo a lo que quería saber.
–¿Piensa que Carolina tendrá la nota suficiente para entrar en medicina, profesor Matías? ¿Cree que podrá entrar en la universidad?
–No se preocupe, su hija es muy inteligente, sabe lo que le gusta, acerté a contestar.
Don Alejandro, la coca es mía
•24 Octubre 2009 • 4 comentariosSé que esta historia solo va a rozar la sensibilidad de aquellos que comparten mi gusto por la mitomanía y que puede sonar a una auténtica estupidez a todos los que vivan en sentimientos ajenos a esta admiración.
Estaba yo a la vera de un partido de baloncesto, en primera fila, sentado en esas banquetas de plastico blanco piscinero tan socorridas para una cena de verano como para sentar a la prensa en un acto deportivo, cuando noté la presencia de una figura desgarbada, poca cosica que dirían en el pueblo, doblándose a mi espalda. Me volví y el corazón me pegó un brinco. A mi chepa se ubicaba Don Alejandro, Aíto García Reneses, el mejor entrenador español de las últimas décadas (no digo el mejor de todos los tiempos por respeto a Díaz Miguel y Ferrandiz). Como buen mitómano, estar cerca de una de las personas más admirables en este mundillo que es mi afición, sentir cercana su humanidad alejada de la iconografía de mis recuerdos, aceleró mi ritmo cardiaco y, rápidamente, ordené al cuerpo actuar con estricta naturalidad, no alargar el sobresalto con el ridículo. Evidentemente seguí el partido con un ojo puesto en la pista y otro girado con cautela hacia la posición trasera de Aíto. Afinaba el tímpano como rádar que detectara sus comentarios y percibir parte de su sabiduría.
Llegó el descanso y no quise caer en la tentación, en la bajeza, de solicitarle como buen lacayo una foto con el señor. Tenía mi dignidad o eso quería hacer pensar, aunque me moría de las ganas como un chiquillo. Tomé el camino de los toriles, en este caso, una habitación habilitada para el consumo gratuito de bebidas y pinchitos. En mi trayecto observo que Aíto está algo adelantado, le sigo como tal cosa, y llegó al avituallamiento. Al girarme a la mesa de bebidas alargo la mano para tomar una coca cola y mi brazo se cruza con el de otro sediento. ‘Uy, perdona, cógela tú’, me responde mi competidor con un acento catalanizado. Alzo el cuello como una tortuga para mirarlo y atestiguó que el tono de voz congenia con la cara que esperaba. Era Aíto. Le mangué la cafeina. Que falta de respeto.

